Hemos decidido volar a Marrakech en lugar de ir en coche desde Alicante. Buena elección. Imaginamos que pueden surgir problemas de seguridad, de orientación , (no disponemos de un gps de la zona) y de daños en el coche. Cuando surge la idea de volar desde el mismo Alicante a Marrakech vemos el cielo abierto. Además creo que nos vamos a ahorrar un buen dinero.
El vuelo dura dos horas y media. Entre que te acomodas, te distraes con el ir y venir de las azafatas vendiendo sus productos, miras por la ventanilla tratando de adivinar por el perfil de la costa por donde vas, distingues una extensión de arena rojiza y deduces que ya sobrevuelas Marruecos, te dicen que estás llegando a Marrakech. Así de rápido se me pasa el viaje.
Hemos concertado con el riad Bleu Du Sud, que nos esté esperando alguien en el aeropuerto. Cuando recogemos la maleta, una tienda de cambio muy bien instalada en la misma recepción de equipajes nos hace pensar que no llevamos ni un dirham en el bolsillo, por lo que nos ponemos en cola para cambiar dinero. Pasa el tiempo y a la hora de salir no hay nadie esprando a los Rodriguez ni por asomo. Se ha hecho tarde y ha pasado cerca de hora y media desde la llegada del avión hasta que salimos al hall del aeropuerto.
Pues un taxi y al riad. Preguntamos por el precio del taxi , 150 dirham, es mucho (15 euros aproximadamente) y tras hablar con otros turistas y tratar de juntarnos para ir cuatro en el taxi, nos encontramos con que más de tres no es posible ir en ese tipo de taxi, así que al autobús que está al lado esperando sus primeros clientes. Luego piensas, cuando llegas de nuevo a casa lo rastrero y tacaño que se vuelve uno de repente. En España ni te planteas que 15 euros es caro para que te lleven desde el aeropuerto hasta tu hotel si además no conoces el lugar y barruntas que no va a ser nada fácil encontrarlo. Pero es que los turistas que tienes alrededor hacen lo mismo que tú, negocian contigo para ver si juntándote con ellos te puede salir más barato. ¡Cuando haces eso en Barajas! ¡Qué pensarán los marroquíes de esos turistas que llegan y tienen un comportamiento así! Sigamos con el relato de una pareja transformada por el ambiente.
Nota: luego te habituas y agarras taxis para todo.
Alli esta el chófer del autobús y otro marrakechí que vende entradas para el bus turístico, en una charla distendida y alegre, sin prisas, sin discusiones, ofreciendo su producto y aconsejando pero sin presionar. Llegan dos chicas catalanas con sus mochilas y nos ponemos a charlar del sexo de los ángeles, lo habitual, que de donde vienes, que cuanto tiempo, cuando vuelves. Simpáticas, alegres, jóvenes, la gloria.
Al rato arranca el bus, ya hemos comunicado nuestro destino al chófer que con el plano del autobús turístico nos indica aproximadamente dónde tenemos que bajar para llegar al riad. Nos para lejos para ir cargados con maletas y mochilas, pero ya se sabe que al empezar un viaje uno lleva energías para rato y todo es entusiasmo y determinación. Ora preguntamos a un militar que hace guardia a las puertas del palacio donde, cuando viene a Marrakech, se aloja el monarca Mohamed VI; ora se nos acerca otro militar que nos ve mirar el mapa después de recorrer la larga muralla del palacio; otrora un viandante; más allá un comerciante.
Poco a poco nos vamos acercando a nuestro destino fijándonos en todo lo que aparece ante nuestros ojos, las tiendas de especias, la forma de vestir, mujeres cubriéndose la cabeza y el rostro de diferente forma, la gran cantidad de gente caminando por las calles o sentados en las aceras esperando un autobús o simplemente descansando, los puestos ambulantes invadiendo la calle, la publicidad, los jardines, los edificios públicos, los minaretes de las mezquitas destacando sobre la línea del horizonte, el hamman y los que te dan propaganda para que entres a tomar un baño.
Llega un momento en que damos con un chaval, que nos jura y perjura que no le mueve ningún afán crematístico, que él esta a la caza y captura de los turistas que salen del antiguo palacio por el que acertamos a pasar, sólo nos va a indicar la dirección muy amablemente. Una vez indicada, nos sigue y nosotros le damos las gracias por ver si desiste en su seguimiento. Vueltas de cabeza hacia atrás para cruzar información visual con Helena y ella conmigo. Nada, que no se despega de nosotros el muchacho. Nos temíamos desde hacía rato que esto nos llegara a pasar. Como el zagal no es del barrio al que nosotros vamos, tiene que preguntar a sus coleguis que se cruzan en nuestro recorrido y ya no son dos ni tres los que nos acompañan y escoltan sino un pequeño enjambre de gente jóven.
Con la ayuda de la zagalería del lugar, empezamos a meternos por callejones estrechos, y a las preguntas angustiosas de Helena de si ese es el camino, ellos responden que a la vuelta de la esquina esta el riad, que ya estamos llegando, y nosotros totalmente entregados, arrastrámos revuelta tras revuelta nuestras pertenencias por callejones cada vez más estrechos y menos concurridos. Nunca nos hubieramos metido por ellos por iniciativa propia, tal vez preguntando a gente mayor hubiéramos llegado, pero nunca tan rápidos y tan directos como fuimos llevados por estos querubines churretosos. Al fin, tras una última revuelta allí lucen dos farolillos alumbrando la entrada de una casa. Mapa de Riad Zitoun Jdid Db Tbib n°46 Marrakech.
Sin apenas ventanas, los callejones para llegar al riad lo forman altos muros de dos o tres plantas a cada lado y muchos de ellos sin salida. El ancho no da para que pase un coche, así que a lo sumo alguna que otra motocicleta pedorretéa por ellos, arcadas en las que tienes que agachar la cabeza para no chocar, aquí un comercio en la entrada de una casa, o un atisbo de restaurante con el artilugio de las brasas en la calle achicharrando carne en un rinconcito de la parrilla, tal vez para atraer con su olor a los clientes.
La primera impresión que tenemos del riad es extraña, pues los chiquillos estan en la puerta pidiendo su propina, la mujer que nos atiende nos dice que si no hemos llamado diciendo que llegaríamos a las 20 horas, nosotros que no había nadie en el aeropuerto, todo en francés y Helena tratando de pillar alguna que otra palabra, hablando en inglés, los niños en la puerta insistiendo, un caos. Al final 20 dirham para todos, la despedida de los chavales, el no se preocupen que no pasa nada y les enseño sus habitaciones van calmando la situación y volvemos a entrar en el nirvana del viajero.
La habitación da al patio central de la casa, en la planta baja. El patio tiene una fuente sencilla en el centro con pétalos de rosa en el vaso superior y unas mesas cuadradas la bordean. Al fondo otras mesas bajas con sofás y sillas forman un recinto de descanso en lo que pudo haber sido otra habitación.Riad_Bleu_Du_Sud-Marrakech (fotos). Tres puertas magníficamente dibujadas dan al patio y tras cada una de ellas hay una habitación. Una última puerta en una esquina da acceso a la cocina del riad. Hay un piso superior con dos habitaciones más y con un corredor que da al patio. En el mismo sitio que en la planta baja otro espacio para el descanso con unos sofás y una fuente muy artísticamente iluminada. Más arriba, una terraza con mesas, tumbonas para tomar el sol y muchas plantas para dar una sensación de frescor.
La habitación es alargada, al fondo una cama de matrimonio con dos mesillas de noche dan el ancho total. Está separada por dos cortinas recogidas a los lados y le sigue un espacio que está ocupado por una mesita y un sofá frente a la puerta de entrada. El tabique que separa este recinto del baño contiene huecos a cada lado para colgar la ropa y dejar las maletas. El cuarto de baño tiene una bañera forrada de arcilla marrón que le da un aspecto muy rústico y agradable con una repisa en la que se encuentra un gel en un tarro decorado muy artísticamente. El labavo está forrado de teselas amarillas y las lámparas que iluminan el recinto son artesanales marroquies. Una ventana y un wc completan la habitación.
Nuestras ganas de empezar a disfrutar de Marrakech nos hacen salir tras colocar la ropa. Tememos no poder dar con el riad a la vuelta de nuestra visita y nos dan una tarjeta en recepción, pero nos tranquilizan diciéndonos que es fácil de encontrar. Una de las encargadas del riad nos acompaña hasta la calle principal que desemboca en la plaza Jemaa el F'na y nos empezamos a sorprender de la gran actividad que bulle en esa calle. Los niños que acaban de salir de la escuela compran su merienda en los puestos de pasteles y pestiños, las motos de 50 cc a toda velocidad sortean a los viandantes con una habilidad pasmosa, los carromatos tirados por burros o mulas cargados hasta los topes hacen que te pegues a las paredes para no ser arrollado, los comerciantes de cualquier tipo que están en las puertas de sus tiendas van a la caza de cliente y si eres turista más, te incitan a entrar en las tiendas de baratijas o babuchas. Carnicerías, agencias de viaje, alpargaterías, todo puerta con puerta, sin ninguna uniformidad, asimetría sin limpieza en las fachadas. Las puertas de un recinto abandonado en las que alguien ha metido una botella de plástico en la rendija que dejan las dos hojas, nos sirve de referencia para la vuelta. Un ensanche de la calle forma una plazoleta que ocupan unas mesas de un restaurante de comida típica marroquí, más adelante la calle se bifurca y en nada desembocas en la gran plaza con el café Francés a nuestra izquierda.
Ya empieza a anochecer y la luz de la plaza es una mezcla de los últimos destellos del día y las luces de los comercios que la bordean. Los puestos de zumos de naranja en fila y a montones, los restaurantes portátiles que acaban de montar y empiezan a recibir a los primeros clientes despiden una cantidad de luz desmesurada en comparación al resto de luces que forman esta pequeña galaxia. En la semioscuridad, y únicamente iluminados con las pocas farolas que hay en esa zona y por la luz de los comercios cercanos, corrillos de gente escuchando a los contadores de historias. Disfrazados algunos de payasos, otros con sus chaquetas de tejido grueso, de colores grisaceos y no necesariamente a la última moda de París ni tan siquiera relucientes como las de un dandy inglés, vociferan, gesticulan, interaccionan con los del corrillo y con los pobres turistas que se atreven a hacer una foto y que inmediatamente son abordados por uno de ellos solicitándo una propina. Instrumentos de música como timbales, laúdes y otros que son tañidos por arcos rústicos de crines de caballo completan el cuadro. Por espacio el que dejan los apretujados oyentes en un círculo estrecho.
Todavía quedan mujeres que tratan de pintarte con gena a la luz que reciben del entorno, encantadores de serpientes que ya no tañen su flauta y por tanto aquellas reposan enroscadas en el suelo en vez de estar erguidas, vendedores de tabaco cigarro a cigarro y todo esto perfumado con el olor que desprenden los restaurantes que no dejan de echar humo blanco iluminado por miles de focos.
En nuestro deambular por la plaza nos encontramos a las catalanas tomando caracoles como posesas y ofreciendonos probarlos. No aceptamos el ofrecimiento, no fuera que nos quitase el apetito de golpe y porrazo. Decían que estaban deliciosos. Me lo creo. ¿Es tan pequeño Marrakech para encontrarte con las catalanas ya?
Después de dar la vuelta a la plaza y ver todo esto y mucho más que no cabe en este escrito, decidimos cenar en uno de los cientos de restaurantes que por allí pululan. Como somos españoles, y ellos lo saben, nos abordan pero, por lo temprano de la hora, adivinan que todavía nosotros no nos vamos a sentar a cenar. Nos emplazan para que no olvidemos el número de su puesto. Uno que tiene facciones parecidas a Al Pacino y que trata de imitarlo, nos atrapa. Nos pide que lo recordemos y que cuando sea un poco más tarde y vayamos a cenar, nos pasemos por su puesto. Seguimos dando vueltas acosados simpáticamente por otros muchos chavales que tienen esa misión. Finalmente, en la segunda vuelta, damos con Al Pacino y nos sentamos en sus mesas corridas al aire libre, en taburetes corridos y nos aprestamos a pedir mirando de soslayo a los comensales que tenemos a nuestra izquierda. Tajin, ensalada de tomate, aceitunas, pan de pita y no se qué salsa regado con té marroqui y agua fresca para aplacar nuestro apetito.
Cansados, vamos dejando atrás la plaza, sin adentrarnos por las calles que confluyen en ella y que tienen tanta animación como ésta. Volvemos a buscar la calle por la que habíamos venido, localizamos los puntos claves que habíamos memorizado y damos sin tropiezos con el riad.
En esos momentos la calle ha cambiado por completo y no se parece en nada a lo que habíamos visto unas horas antes. Apenas algunos viandantes, una mujer sentada contra la pared con un niño dormido sobre una tela, en el suelo, pidiendo limosna. La mayoría, por no decir todos los comercios, cerrados. El bullicio se ha transformado en silencio. Ahora aprecias sin reparo la fisonomía de la calle, sus cierres, sus luces, sus letreros, su suelo inexplicablemente limpio. Es otra ciudad distinta, igual de fascinante.
Bologna Symposium 2011
Se celebra en Bologna del 25 de junio al 23 de junio del 2011 el Symposium de Prevención, resolución y reconciliación de conflictos internacionales.
En él se daran encuentro 80 brillantes estudiantes y técnicos con expertos en resolución de conflictos, negociadores de paz, altos cargos de organizaciones internacionales y personal de las fuerzas armadas de distintos paises.
El symposium se organiza en cooperación con la Johns Hopkins University Paul H Nitze School of Advanced International Studies (SAIS).
Durante cuatro semanas los estudiantes tendrán la oportunidad de aprender técnicas para resolver con eficacia conflictos violentos ya sean étnicos, sociales, políticos, religiosos o económicos.
El programa tratará de tender un puente entre los conocimientos teóricos y los prácticos brindando la oportunidad de aprender de gente que se encuentra trabajando directamente sobre el terreno incluyendo a premios Nóbel de la paz, directores del equipo de mediación de Naciones Unidad y los negociadores mas prestigiosos.
Cada charla de un experto se conjuga con un taller, juego o simulación para proporcionar al cuerpo estudiantil una experiencia crucial de aprendizaje. Los estudiantes tambien tendrán la oportunidad al final de cada día de reunirse en grupos de 10 cada uno liderado por un miembro de los organizadores del programa para hablar de los temas del día.
Los estudiantes del symposium se gradúan con una firme comprensión de las tres clases de la mediación de conflictos, prevención , resolución y reconciliación así como habilidades prácticas para enfrentarse a conflictos violentos en cualquier circunstancia con confianza.
Bahrein es otra historia
Acabo de leer un artículo de Nick Turse, miembro del Radcliffe Institute de la Universidad de Harvard que titula "El lobby árabe: cómo el diminuto reino de Bahrein acongojó al presidente de los Estados Unidos".
En él, se trata de explicar cómo el Pentágono y las naciones que forman el Consejo de Cooperación del Golfo, están haciendo presión a la Casa Blanca para que mire para otro lado ante las manifestaciones en favor de la democracia que se están dando en Bahrein. Imagino que cuando empiecen a producirse manifestaciones en los otros cinco estados del Golfo, y las represiones por parte de estos estados sean violentas y acaben con un número cada vez mayor de muertos, Estados Unidos tendrá que hacer equilibrios en la cuerda floja para que no se le vea el plumero. La opinión pública internacional no va a entender en qué lado de la historia estaba Estados Unidos en esta ocasión, si en el correcto o el incorrecto.
Estados Unidos vende material armamentístico por valor de 70.000 millones de dólares este año y tiene comprometido más de 80.000 millones al año hasta el 2015 con los seis estados miembros del Consejo de Cooperación del Golfo ( Bahrein, Kuwait, Oman, Catar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos)
Además Bahrein es sede de la V flota con sus 30 barcos entre los que se encuentran dos portaaviones.
¿Será eso determinante para que la frase de Obama "fue la fuerza moral de la no violencia, no el terrorismo, no asesinatos sin sentido, sino la no violencia, fuerza moral, que ha cambiado el curso de la historia hacia la justicia una vez más" tenga un significado distinto en Egipto que en Bahrein?
Los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo le dice a Estados Unidos que Irán puede beneficiarse si en Bahrein se establece una democracia. Por otro lado, una delegación del rey de Bahrein, Hamad bin Isa al-Khalifa y sus aliados en Oriente Medio garantizó que, cuando llegara el turno a Bahrein, la Casa Blanca no apoyaría el "cambio de régimen" como en Egipto y Túnez, sino una estrategia de teóricas reformas futuras que ahora algunos diplomáticos llaman "alteración del régimen".
Si juntamos todo este cúmulo de información y la damos por correcta, junto con la que cita el Journal "Todo el mundo se dió cuenta que Bahrein era demasiado importante para perderlo" y que no se ha hecho nada al respecto del envío de tropas de Arabia Saudita para reprimir las protestas pacíficas, estamos ante un doble rasero de medir el apoyo a las manifestaciones en favor de la democracia en el norte de África y Oriente Medio.
De cualquier forma, no es lo mismo que esté amenazada toda la población de Bengasi de ser barrida por Gadhafi, que le pegen varios tiros en la cabeza a un grupo de manifestantes pacíficos y desarmados en la plaza de turno de Bahrein. Y sobre todo, si nos jugamos los cuartos y la pacífica ocupación de la V flota en tierras Bahreiníes.
En él, se trata de explicar cómo el Pentágono y las naciones que forman el Consejo de Cooperación del Golfo, están haciendo presión a la Casa Blanca para que mire para otro lado ante las manifestaciones en favor de la democracia que se están dando en Bahrein. Imagino que cuando empiecen a producirse manifestaciones en los otros cinco estados del Golfo, y las represiones por parte de estos estados sean violentas y acaben con un número cada vez mayor de muertos, Estados Unidos tendrá que hacer equilibrios en la cuerda floja para que no se le vea el plumero. La opinión pública internacional no va a entender en qué lado de la historia estaba Estados Unidos en esta ocasión, si en el correcto o el incorrecto.
Estados Unidos vende material armamentístico por valor de 70.000 millones de dólares este año y tiene comprometido más de 80.000 millones al año hasta el 2015 con los seis estados miembros del Consejo de Cooperación del Golfo ( Bahrein, Kuwait, Oman, Catar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos)
Además Bahrein es sede de la V flota con sus 30 barcos entre los que se encuentran dos portaaviones.
¿Será eso determinante para que la frase de Obama "fue la fuerza moral de la no violencia, no el terrorismo, no asesinatos sin sentido, sino la no violencia, fuerza moral, que ha cambiado el curso de la historia hacia la justicia una vez más" tenga un significado distinto en Egipto que en Bahrein?
Los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo le dice a Estados Unidos que Irán puede beneficiarse si en Bahrein se establece una democracia. Por otro lado, una delegación del rey de Bahrein, Hamad bin Isa al-Khalifa y sus aliados en Oriente Medio garantizó que, cuando llegara el turno a Bahrein, la Casa Blanca no apoyaría el "cambio de régimen" como en Egipto y Túnez, sino una estrategia de teóricas reformas futuras que ahora algunos diplomáticos llaman "alteración del régimen".
Si juntamos todo este cúmulo de información y la damos por correcta, junto con la que cita el Journal "Todo el mundo se dió cuenta que Bahrein era demasiado importante para perderlo" y que no se ha hecho nada al respecto del envío de tropas de Arabia Saudita para reprimir las protestas pacíficas, estamos ante un doble rasero de medir el apoyo a las manifestaciones en favor de la democracia en el norte de África y Oriente Medio.
De cualquier forma, no es lo mismo que esté amenazada toda la población de Bengasi de ser barrida por Gadhafi, que le pegen varios tiros en la cabeza a un grupo de manifestantes pacíficos y desarmados en la plaza de turno de Bahrein. Y sobre todo, si nos jugamos los cuartos y la pacífica ocupación de la V flota en tierras Bahreiníes.
¿Es realmente democracia lo que viene de las revueltas del mundo árabe?
¿Hacia dónde va a llevar todas las manifestaciones que están habiendo en el mundo árabe cuando éstas se acaben? ¿Hasta dónde se van a extender?
Las aspiraciones de aquellos que se manifiestan, las de aquellos que han encontrado la muerte sin esperarla y que no tenían más que ira, rabia y el convencimiento de que lo que tenían no iba a ningún lado y que había que manifestarse por conseguir algo distinto y mejor; o la de ese bahreiní que estrelló su coche con dos botellas de butano contra la puerta del cuartel para dejar de ver como caían muertos sus compatriotas mientras intentaban tomarlo, todas esas aspiraciones pueden llevar a crear unos gobiernos que nada tengan que ver con lo que ellos o nosotros, los del otro lado del mediterráneo imaginamos o deseamos.
Este estallido de manifestaciones, derrocamientos, inicios de guerra civil ha sido tan sorprendente para ellos como para nosotros. No puedo creer que el comerciante egipcio, el guía tunecino el trabajador libio o el administrativo europeo pudiera imaginar o predecir lo que está pasando. Todo se desata a velocidad de vértigo y no cabe otra alternativa que improvisar y tratar de acertar con la decisión adecuada. Tanto el que tiene que formar un gobierno provisional como el que tiene que tomar partido por uno u otro bando en Libia, el trabajador que decide quedarse o embarcarse en una peregrinación hacia la frontera, el tunecino que se embarca hacia Lampedusa o el somalí que no puede salir de casa por si lo confunden con un mercenario.
Las mentes en el mundo árabe están siendo espoleadas y las aspiraciones de unos y de otros se manifiestan en blogs, se discuten en infinitas conversaciones con los amigos y vecinos, saltan como rabias contenidas que tienen que materializarse en propuestas viables, en aspìraciones imposibles de mujeres dominadas, en juegos de niños a los que envuelve una algarabía y una alegría diferente en el seno de sus familias. Todo tiene un tinte distinto.
Occidente sabe que tiene que apoyar la democratización de los países árabes. Pese a sus miedos. Miedos a los integristas; a los Hermanos Musulmanes; a los antisionistas; a Bin Laden; al terrorismo; a la inmigración; al aumento del precio del petroleo y del gas; a la inestabilidad política; a la sharia.
La democracia que surja en Túnez no va a tener mucho que ver con la que nazca en Egipto. Si pensamos en Libia, Barhein o Yemen podemos imaginar que en nada van a parecerse sus sistema en el futuro, aunque todos hayan saltado por el mismo denominador común de deseo de libertad, de sacudirse el yugo del tirano, del dictador, por la libertad de expresión y manifestación, por el pluralismo político, por el deseo de obtener trabajo, prosperidad económica, democracia.
Muy distintas van a parecer a nuestro ojos, los de occidente, estas democracias incipientes. Aun así, hay que apoyarlas. En nada se parecen las democracias que disfrutamos hoy en día a aquellas que tuvimos hace décadas y nos horrorizaría pensar en volver a tener los derechos de los trabajadores de la era industrial, o el sistema de clases de la época isabelina por poner ejemplos. Démosle tiempo al tiempo y no aborrezcamos a las nonatas democracias árabes.
La democracia en Libia
Lluís Bassets en su magnífico artículo de El País El espejo libio,nos plantea que "es en Libia donde se miran no los ciudadanos sino sus opresores, los mandatarios que temen la propagación de la revuelta hasta sus propios países."
Pero eso a mi entender es un mal menor. Será lo que tenga que ser. Caerá el régimen del opresor o seguirá un tiempo hasta que caiga en la próxima revuelta, dure esta en llegar un mes, un año o cuarenta. Lo que importa es lo que se vaya a crear a partir de una hipotética revolución victoriosa.
¿Qué ideas políticas hay en Libia en estos momentos capaces de aglutinar a una masa crítica de gente para formar partidos? ¿Existe diversidad política en un pueblo arrasado y lobotomizado ideológicamente? ¿Se corre el riesgo de iranización del país, de chavización, de fundamentalización, por parte de gente agazapada y oportunista aprovechando el ánsia democrática del pueblo? ¿Como reaccionaría Europa, EUA, China, Rusia, el mundo ante un fundamentalismo a ultranza que nadie quiere imaginar?
La población es en gran parte analfabeta. Los jóvenes con estudios no tienen trabajo, el precio de los alimentos no deja de crecer por los desastres climáticos en países como China o Rusia, Australia o Paquistán, la economía hace agua en occidente y Europa y Estados Unidos están en el filo de la navaja en el que el menor descuido hace que la situación termine en un desastre.
Pintan bastos y, o se ayuda decididamente a estos países a definir sus ansiadas democracias, y se aceptan con sus peculiaridades y sus defectos a los ojos de occidente o el riesgo de encontrarnos con una avalancha de problemas bajando en tromba por la montaña no nos lo evita nadie.
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Los refugiados y los que intentan serlo
Qué duda cabe que uno de los primeros problemas que se originan cuando una revolución o una guerra se declara, son los refugiados.
En estas que estamos viviendo, las del norte de África, por ahora no había dado tiempo de generar grandes problemas. Desde Tunez han salido en un primer contingente varios miles de persona a las costas italianas más cercanas. Ha sido el primer aviso. Ha hecho que las autoridades italianas se pusieran en alerta por una posible llegada masiva de gente huyendo de la quema.
De la revolución en Egipto, los medios no nos han ilustrado con noticias de refugiados, o por lo menos a gran escala.
Pero en Libia la cosa cambia. El proceso no ha sido similar al de Tunez o Egipto y la población se ha dividido en dos, los seguidores del régimen y los rebeldes. Y aquí la cosa se complica. El pueblo, asustado ante la inseguridad que conlleva el hostigamiento a un régimen como el de Muammar el Gaddafi, prefiere no arriesgar y trata de escapar a la posibilidad de morir a manos de unos o de otros. Si, porque en este caso los otros, los rebeldes no distinguen entre buenos y malos y por si acaso, todos son malos.
Están llegando noticias por los medios, sobre gente de Chad, Nigeria, Congo, de algunos países asiáticos, y en general de la franja subsahariana, que son confundidos con mercenarios o que en realidad son mercenarios contratados por Gaddafi. Y peor si eres negro. Caos total.
El problema ya no solo está en las fronteras, a un lado y a otro, está también dentro del país. La gente extranjera de color que no es mercenaria en Libia tiene que refugiarse en sus casas o en donde puedan para no ser perseguidos por unos y por otros.
De prolongarse demasiado la resistencia de Gaddafi a dejar el poder, se puede generar un grave problema de supervivencia en los tres frentes creados de refugiados; los que ya han pasado la frontera pero no son evacuados a otros lugares donde poder obtener una repatriación o un pedazo de pan; los que no han conseguido pasar la frontera por múltiples causas como es no tener documentación, dinero, suerte o vete a saber qué y que tampoco van a conseguir ni pan ni repatriación; y los que están escondidos dentro del país por no tener un color adecuado, por ser objeto de sospecha o porque no hay nadie que se ocupe de sus problemas. Estos dos últimos grupos son los que intentan ser refugiados y no lo consiguen.
No me gustaría que otras naciones entraran a intentar resolver los problemas de Libia y sería conveniente para todos que fuesen ellos mismos quienes resolvieran la situación lo antes posible. Pero es urgente dar salida entre otros, al creciente problema de los refugiados, tortura lenta sobre los más débiles y si no se soluciona pronto, es muy probable que otras naciones en su afán humanitario,entren en el país. Todo se complicaría todavía más.
Gaddafi el de la tribu Gaddafa
Muammar, el de la tribu Gaddafa, cerca de Sirte su ciudad natal. ¡Cuanto sabemos ahora de Gaddafi! Ahora todos hacemos política de altos vuelos. Hasta los que nunca hicieron política, ahora la hacen. Deciden que Gaddafi sobra. Ahora sabemos que deben quitar al dictador. La prensa, la radio y la televisión nos bombardea sin remisión, sin perdón, como dicen que Gaddafi bombardea a los suyos. Ahora todos sabemos que tortura a su pueblo, que es un iluminado absurdo, que lo de Gaddafi no va a ningún lado como dice Zapatero en el emirato de turno.
Y antes también lo sabíamos. Que si Lockerbie, que si su libro verde al estilo libro rojo de Mao, que si viaja con un haren …que era un iluminado, también lo sabíamos.
Pero ahora que el pueblo se alza contra el dictador es cuando la comunidad internacional reacciona. Es ahora que empiezan a morir más gente de lo políticamente correcto cuando Estados Unidos pide exclusión aérea, la UE bloquea sus cuentas, el Reino Unido propone el envío de ayuda, España se suma y dice….
¿Y antes? ¿Es que no se sabía que morían en las cárceles de Muammar cualquiera que no estuviera de acuerdo con su forma de ver la vida?
Estoy de acuerdo en todas las medidas que conduzcan a la derogación del régimen de Gaddafi, pero siento que en occidente, nuestros gobernantes no lo hacen correctamente. Lo que están haciendo ahora lo tenían que haber hecho mucho antes dada la avalancha de pruebas que se tenía.
Pero tiene petroleo y gas y si quiero que mis empresas se instalen allí o que me vendan a buen precio…
La denuncia por parte de los estados, el bombardeo mediático informando de estas aberraciones tendría que haberse dado hace mucho tiempo. Y la reacción también.
Quedan muchos regímenes que abusan de sus ciudadanos. ¿Hay que esperar que huela a muerte para limpiar?
Y antes también lo sabíamos. Que si Lockerbie, que si su libro verde al estilo libro rojo de Mao, que si viaja con un haren …que era un iluminado, también lo sabíamos.
Pero ahora que el pueblo se alza contra el dictador es cuando la comunidad internacional reacciona. Es ahora que empiezan a morir más gente de lo políticamente correcto cuando Estados Unidos pide exclusión aérea, la UE bloquea sus cuentas, el Reino Unido propone el envío de ayuda, España se suma y dice….
¿Y antes? ¿Es que no se sabía que morían en las cárceles de Muammar cualquiera que no estuviera de acuerdo con su forma de ver la vida?
Estoy de acuerdo en todas las medidas que conduzcan a la derogación del régimen de Gaddafi, pero siento que en occidente, nuestros gobernantes no lo hacen correctamente. Lo que están haciendo ahora lo tenían que haber hecho mucho antes dada la avalancha de pruebas que se tenía.
Pero tiene petroleo y gas y si quiero que mis empresas se instalen allí o que me vendan a buen precio…
La denuncia por parte de los estados, el bombardeo mediático informando de estas aberraciones tendría que haberse dado hace mucho tiempo. Y la reacción también.
Quedan muchos regímenes que abusan de sus ciudadanos. ¿Hay que esperar que huela a muerte para limpiar?
Tatin de manzana
El otro día me dió por hacer una tarta Tatín, pues hace unos días buscando el otros blogs, tropecé con uno muy majo de cocina, me entró la vena cocinilla y me lancé al ruedo.
Además, no solo hay que hacer un buen plato, no, la cosa no queda ahí, tienes que hacer una foto del plato que será juzgada por tus lectores. Suerte que yo tengo pocos y los juicios van a ser benévolos.
El caso es que quedé contento. Además estaba rica. Las fotos no son para tirar cohetes y eso que hice varias y a la hora de elegir, he elegido esta que no me dice demasiado. Tengo mucho que aprender tanto en la cocina como en la fotografía.
La receta es fácil:
masa quebrada que cuando cubras el pastel deberás de hacerle un hueco en el centro para que salga el vapor y untar con mantequilla para que se endurezca un poco;
pelar y cortar la manzana en gajos de dedo y medio, pasarla por la sartén con un poco de mantequilla y azucar hasta que tomen color,(en otro caso no quedará luego muy vistosa),
hacer un poco de puré de manzana con la rayadura de un limón, para rellenar los huecos que queden cuando coloques los trozos de manzana sobre el papel parafinado;
si tienes un poco de vainilla que habrás puesto a hervir con un poco de agua y azucar se lo echas a la mezcla, (sino no pasa nada, un poco menos de sabor);
calentar el horno a 200º y cuando esté meter la tarta 10 minutos;
volver a programar el horno a 120º y tenerlo 20 minutos;
desmoldar y decorar.
Paseo por las estrellas
Estamos dentro de una caja negra llena de lucernarias y de espejos.
Pasamos un rato estupendo navegando por este mar de estrellas.
Galería de Nueva York 30/05/2009, Belén, Maite y Joaquín
La tecnología que me imagino

Este post lo escribo desde el iPod.
Esto no ha hecho mas que empezar, estamos en la prehistoria de la informática y mi mente disfruta imaginando hasta donde va a llegar esta historia.
Dejando volar la imaginación barrunto que no nos hará falta teclear las letras para escribir lo que pensamos y que únicamente tendremos que imaginarlo y desearlo y será plasmado en nuestro post, incluso con un corrector de estilo que previamente habremos definido, y que hará que el escrito nos recuerde la forma de escribir de Unamuno o Juan Ramón Jiménez, por poner un ejemplo.
Nuestra maquina dispondrá de un chip biónico que conectará con el implante que tendremos en el occipital o vete a saber donde y que continuamente podrá ser actualizado a voluntad cuando lleguemos a casa o conectemos con nuestro agente laboral virtual para transmitirle una nueva idea que incorporar a la base de ideas personales de mi departamento que es por lo que me paga mi empresa. Lo que hagan las máquinas con esas ideas es problema de los superprogramadores. Yo les proporciono mis ideas, la materia prima.
Si por poner otro ejemplo, tengo un dilema en una conversación con mi hijo, una pantalla que aparecerá de la nada, por arte de birli birloque, me mostrará esquemáticamente las posibles alternativas, sus posibles y muy probables consecuencias que, a bien seguro se darán, me dará opción a ver situaciones similares de otras personas y cómo han solucionado el dilema, todo ello con intuitivas pantallas que se irán desplegando a medida que mi hijo y yo vayamos eligiendo la que más nos guste a los dos e incluso, no faltaba mas, dejándonos innovar e introduciendo la solución personal que elijamos, mostrándonos las consecuencias probables, las indicaciones apropiadas y todo tipo de ayuda para que el problema planteado tenga la mejor solución posible.
A continuación, incorporará todas las variables introducidas a la gigantesca base de datos del operador de turno para retroalimentar el sistema.
Imagino que esto ya se hace, no se cómo ni a que escala, pero es posible, si no seguro, que se están desarrollando las aplicaciones para vendérnoslo pronto, no vaya a ser que alguien se nos adelante y nos quite parte del mercado.
He escrito un post desde mi Ipod por primera vez, y evidentemente no soy el primero en hacerlo. Nadie me había dicho que lo podía hacer, pero intuitivamente he entrado en el App Store y me he bajado el WordPress o el Blogspot o el Periquito Tacatun, et voila, me incorporo a una marea de gente, de internautas o blogueros intuitivos y le gasto el producto a alguien que pensó hace nada que me lo podría vender u ofrecer y lo inventó.
Y mientras tanto, yo aquí, dándole a la tecla de mi iPod, letra a letra, sin caer en la cuenta que esto que estoy haciendo no lo podía haber hecho hace escasamente unos meses, a lo mejor algún que otro año, para que no duden los más escépticos.
Tal vez ya llego tarde y si no me actualizo me convierto en un paleto informático, me salgo de la corriente principal y me quedo como agua estancada en cualquier rincón, sin fuerza, sin utilidad y no se que más.
Qué bonito o qué desesperación o qué vértigo de tecnología. Me viene a la mente el nombre de Fernando Alonso y me digo que en esto deben de haber fernandos alonsos de la tecnología por todas partes y yo con estos pelos.
Renacer de la clase política en Egipto
Vuelvo a escribir sobre Egipto. Apenas unas horas después de mi anterior post, ese mismo día, se resolvió el conflicto y Hosni Mubarak abandonó el poder. ¡Qué gran noticia!
Ahora empieza a todas luces, una etapa de transición tutelada por el ejército. La expectativa de mucha gente es que este periodo no dure demasiado. El ejército así lo ha prometido. La tarea es inmensa para la clase política egipcia. Hay que construir desde la nada, hay que crear. Me viene a la mente el periodo inmediato a la muerte de Franco. Y pienso en el pueblo egipcio con la alegría de haberse deshecho del dictador y el estupor ante su analfabetismo político a causa de 30 años de represión. Mucha gente, un porcentaje muy elevado de la población tiene menos de 30 años, es decir, que han nacido en el tiempo del faraón Mubarak y si ampliamos el tiempo de Sadat, en el que el pueblo egipcio tampoco es que tuviera una estructura de partidos y una prensa con libertad de expresión modélica, nos encontramos con una población que ha sido carne de cañón toda su vida.
Por contra, internet, la web 2.0, todo este nuevo mundo que se abrió a los ojos y los oidos de todos, ha hecho que la juventud conciba el mundo de una forma totalmente diferente, y por el momento, es el pueblo árabe quien está utilizando esta forma de ver el mundo para sacudirse el yugo del dictador de turno. Pero eso no da cultura política a mi entender.
La tarea es árdua y el tiempo breve.
La suerte en esta ocasión es que la ilusión de la juventud es inmensa; que la esperanza del resto del mundo de que cambien muchas cosas para bien (habría que definir qué cosas y qué es para bien) es enorme; que el pueblo egipcio ha demostrado que sabe aguantar ante la adversidad y ahora que acaba de abrir esta gran puerta que le deja ver un mundo nuevo, un panorama menos negro, un mundo de esperanza, no va a dejar que todo se venga nuevamente abajo y que le deje sumido treinta años más en la ignominia.
Mi esperanza desde aquí, es que se organicen de forma plural, con gente que aporte ideas nuevas, ingeniosas, que consigan llevar a su pueblo por la senda del progreso, de la libertad, que en el diálogo se sea respetuoso con las ideas de los otros y les lleve a crear las nuevas instituciones democráticas, que en definitiva sean cada vez más felices.
El faraón y su pueblo

Ayer por la noche, como muchos en el mundo, sentado en el sofá miraba con intriga la pantalla del televisor.
Parecía que el Rais, el faraón, Hosni Mubarak, iba a dar por fin un mensaje sensato y tranquilizador a las masas congregadas en la plaza de la Liberación y en montones de plazas de todo Egipto, que a buen seguro estaban expectactes por saber si EL DÍA había llegado y la alegría podía desbordarse a raudales por las calles, las casas, las cárceles, las sedes de los incipientes partidos políticos reprimidos, los internautas, los militares, que están con la espada de Damocles sobre sus cabezas y no saben si en un momento determinado van a recibir una orden que no van a querer obedecer.
Todo se vino abajo de golpe. Cuando empecé a oir a la traductora, me pareció que estaba llorando. En un principio pensé que era de alegría por la buena nueva. Pero más adelante empecé a comprobar por lo que estaba oyendo que el faraón continuaba queriendo liderar a un país al que había ofrecido 60 años de su vida, 30 de ellos o más como faraón.
Este señor no ve el telediario. O este señor no tiene buenos consejeros. O este señor se cree omnipotente.
Yo no quiero oir que han muerto 300 más o 1.000 más o 10.000 más porque este señor no vea el telediario.
El mundo árabe me infunde respeto. No concibo que el Corán sea el equivalente a nuestro Derecho Romano en cuestión de leyes y que no se desarrollen esas leyes si no es con la mirada puesta en el libro sagrado. No concibo la no separación de estado y religión, mi entorno dejó atrás hace mucho tiempo esas guerras y es lógico que mi mente no conciba determinadas posturas. No concibo que la mujer no tenga más equiparación con el hombre.
Pero entiendo que todas estas cosas y más evolucionen ordenadamente, dando lugar a gobiernos no necesariamente iguales o parecidos a los de occidente, sino con una idiosincrasia que aporte diversidad y riqueza de ideas.
Pero desde luego, a partir del 25 de enero, al mundo árabe lo respeto por el coraje que ha tenido de levantar la voz y de hacerlo hasta ahora de forma pacífica.
Deseo de corazón que los dirigentes, los políticos, aquellos que tienen la misión de hacer que los pueblos avancen por los mejores caminos que los lleven al progreso, a la seguridad, al pleno empleo, al salario digno, a la felicidad, sean lo suficientemente listos para ver, para oir y para sentir el latir de sus pueblos y que no se escuden en el poder, en el dinero que no es suyo, en las prebendas, en la omnipotencia.
El blanquinegro Ron
Entrañable.
Como consecuencia de un artículo de El País titulado El Negro Ron, de Manuel Vicent, que me envía Mamen, mi hermana, que acaba de perder a la madre de Ron, mi perro, la corretona Milka.
Es innegable que tanto perros como gatos, no te digo ya un caballo, influyen poderosamente en nuestras vidas (supongo que cualquier mascota de entidad, pues no puedo imaginar que una tortuga de agua o un hámster puedan generar un sentimiento lo suficientemente importante en un adulto). Esto evidentemente no es cierto. Y si no que se lo digan a cualquiera que tenga una tortuga de agua o un hámster y lo esté cuidando todos los días, mirándo sus evoluciones y depositando en él todo su cariño.
El blanquinegro Ron se comunica y cómo con nosotros. Su mirada lánguida cuando solicita una caricia desde la distancia, pidiéndome permiso para acercarse a recibirla mientras me encuentro tumbado en el sofá de casa (haber qué imagen voy a dar con esta frase); su algarabía cuando llegas del trabajo y todavía no lo ha sacado nadie a pasear dando golpes de hocico en la pantorrilla si no le haces demasiado caso; su caracoleo alrededor de tus pies evitando que le pises con artes de torero consagrado cuando llevas un plato con restos de comida a la cocina; sus carreras de…¿agradecimiento?, ¿placer?, ¿necesidad de secarse del todo?, cuando le bañas y le recompensas por su docilidad con tres o cuatro premios; sus ladridos retrasados cuando tras llamar al timbre del portal tardan demasiado en llamar a la puerta de la casa; su mirada de comprensión si por la mañana le dices que no eres tú el que lo va a sacar sino Helena cuando se levante más tarde; su movimiento apresurado con la cola entre las piernas hacia su espacio de descanso bajo la mesa de la cocina si agarras la fregona para limpiar una meada inoportuna; sus movimientos de cola cada vez más cadenciosos cuando pronuncias su nombre repetidamente; su llegada apresurada y con paso saltarín cuando lo llamas desde la distancia; su postura de espera mirando hacia la puerta de entrada a la casa si alguien se retrasa en su horario habitual de llegada.Así podría enumerarte muchos más momentos de comunicación entre el blanquinegro Ron y yo.
Y todo eso lo echaré de menos con toda seguridad cuando ya no esté con nosotros. Es por todo eso que le perdonas sus meadas en sitios impropios, sus ladridos de aviso o de miedo cuando llaman a la puerta, sus paradas insistentes y clavando patas para oler cualquier mancha oscura de la calle, perturbando tu pausado paseo. Y la fuerza se me va por la boca cuando sin que él lo sepa amenazo con regalarlo al primero que me lo pida cuando mi cabreo alcanza su punto álgido.Gracias Mamen por enviarme el escrito http://www.elpais.com/articulo/ultima/Negro/Ron/elpepuopi/20101128elpepiult_1/Tes
Y todo eso lo echaré de menos con toda seguridad cuando ya no esté con nosotros. Es por todo eso que le perdonas sus meadas en sitios impropios, sus ladridos de aviso o de miedo cuando llaman a la puerta, sus paradas insistentes y clavando patas para oler cualquier mancha oscura de la calle, perturbando tu pausado paseo. Y la fuerza se me va por la boca cuando sin que él lo sepa amenazo con regalarlo al primero que me lo pida cuando mi cabreo alcanza su punto álgido.Gracias Mamen por enviarme el escrito http://www.elpais.com/articulo/ultima/Negro/Ron/elpepuopi/20101128elpepiult_1/TesY por hacerme pensar en todo esto para contestarte, pues me ha acercado un poquito más a mi Blanquinegro Ron.
(La foto es una de las primeras que le hice y lo puse al lado de unos limones para titularla "Ron con limón" bajo la mirada del gato de cartón)
Estado Unidos a través de mis sentidos
Querida Ana,
Llevo cuatro meses viviendo en los Estados Unidos, en la ciudad de Boston y debo confesarte que la vida aquí es otro mundo.
Por las mañanas ya no es el piar de los pájaros o la luz calida del mediterráneo lo que me despierta, sino el goteo constante de las pequeñas estalactitas que se han formado en el tejado a causa de la nieve y que están en proceso de descongelación. Abro los ojos, miro hacia la litera de abajo, Abby, que comparte dormitorio conmigo, todavía duerme. El sonido de su respiración me relaja, esta conmigo. A continuación, las alarmas encadenadas de mis tres compañeras de cuarto, cuyas radios ya no me hablan en español. Es una algarabía de noticias informativas en inglés, que con el aturdimiento matutino, no consigo descifrar. Me gusta asomarme a la ventana justo al despertar porque las chimeneas de las demás residencias de la universidad están en plena actividad y el humo blanco que desprenden da un toque de casitas de cuento en un paisaje de invernal. Secadores, duchas, cepillos de dientes… ¡prisa!
Antes de salir de casa estos dias de enero mis compañeras de cuarto y yo llevamos a cabo la “ceremonia del tapado”, pasamos diez minutos como mínimo recubriéndonos el cuerpo. Camisetas térmicas, medias, pantalones de pana, doble calcetín, guantes, orejeras, gorros de lana, bufandas con tres vueltas y gran abrigo de plumas de oca, vencedoras ante el frío. Nos aseguramos que solo queden al descubierto los ojos, el resto, sin exposición alguna. Enrollamos las bufandas alrededor de los cuellos de las otras y nos convertimos en mamás por un rato. Al abrir la puerta de la calle el frío te ataca y ves como las personas se convierten en veloces hormigas (por el abombado de los abrigos de plumas) que exhalan vaho por los labios congelados. Tengo la piel cortada y los ojos se me llenan de lágrimas por el frío. Sin embargo, me gusta el invierno, me gusta sentir mi cuerpo bajo mil capas de abrigo y la sensación de astronauta que todos los atuendos de abrigo te dan.
Camino hacia el lugar donde he aparcado mi bicicleta. De pronto me golpea una gran bola de nieve en la nuca. ¡Es la Guerra! Mis mitones se esfuerzan en hacer bolas enormes, redondas y compactas para ser lanzadas a propulsión a los chicos de mi residencia, que se han despertado con ganas de batalla… Sigo caminando, mis botas de agua se pierden en la nieve todavía blanca. Es virgen, esta blandita, me hundo. Siento un silencio no habitual, diferente a los dias de otoño cuando las pisadas de las hojas secas eran la melodía de las calles. La nieve absorbe todos los ruidos. Menos el de mi chapoteo infantil, que me mantiene contenta. Monto en mi bicicleta, comienzo a pedalear entre taxis y autobuses escolares amarillos (como los de las películas). Las maquinas quitanieves me abren camino. De frente el chico que lanza desde su bicicleta el periódico del día a la puerta de las casas. Al girar la esquina me llega como siempre el tentador olor de donuts recién hechos del verdadero dunkin donuts. Desayuno en el gran comedor de la universidad cuyas ventanas son vidrieras al estilo de las catedrales. Rayos de luz de colores se reflejan en mi cuchara. Estudiantes somnolientos comen huevos, patatas, ketchup y salchichas sin piedad a las ocho de la mañana. Yo opto por la magdalena Americana, el “muffin”. Grandioso, un tanto aceitoso, pero rico. Observo los “bagles”, panes redondos con sabor a queso naranja americano con un agujero en el centro, muy compactos, difíciles de digerir. Justo entonces extraño el pan español, la barra gallega, crujiente, esponjosa, sin toda la química de los panes americanos. El café no sabe a café, sino a agua amarga. La chica que desayuna enfrente unta con cuidado crema de cacahuete sobre una manzana, mientras da sorbitos a una coca cola tamaño extra grande (como todo en Estados Unidos). Cereales de todos los colores y formas invaden las mesas alargadas junto a vasos de zumo de naranja artificial, sin pulpa, sin el color ni el sabor intenso de las naranjas valencianas. Al terminar, la bandeja se deposita en una cinta transportadora que se la lleva secretamente para ser limpiada. Y te sientes mimado.
Las campanas de la iglesia memorial, convertidas en mi reloj, ¡llego tarde! Todo se impregna de gorritos de colores que corren a clase. Con pompones, con orejeras incluidas, de lana, de nylon, de Harvard, de banderas, de rayas…
Química, laboratorio. El olor que se desprende de los frascos de cristal con sus coloridos compuestos químicos me marea. Las gafas de laboratorio me hacen ver a la gente borrosa y me agobio… Tras tres horas de verter, mezclar, medir, calentar, destilar… ¡por fin libre!
En este descanso de una hora salgo a bañarme en los rayitos de sol, que a penas calientan, pero que de algún modo me hacen sentir como en casa. A mi lado caminan estudiantes que hablan en los idiomas más pintorescos. Los chinos, inconfundibles, cuyas discretas palabras se mezclan con el teclear de las calculadoras (grandes científicos y matemáticos los asiáticos). Oigo la risa (señal de vida) de los latinos, que hacen mucho ruido y se dirigen a paso tranquilo a sus lecciones. Pasa junto a mi, Motema de Lesotho, chasca su lengua para decirme hola Sesotho porque sabe que me hace ilusión escucharla hablar su idioma. Estudiantes de francés caminan a clase, curvando los labios, practicando la U francesa. La señora de la limpieza de Portugal, que conserva su acento después de 20 años en los Estados Unidos. La campanilla del mendigo sonriente que sostiene un calderito en el que colecciona cuartos de dólar. Los árabes con sus kefiyas blancas y negras enrolladas al cuello, símbolo de identidad, de nacionalismo. Me encuentro con Camilo, mi amigo de México que lleva un poncho maravilloso, que lo protege del frío. Incluso sus palabras, bien si son en el mismo idioma, suenan distintas, por el acento, por la cadencia, por la expresividad de su cara simpática.
Clase de Culturas Islámicas. El profesor apaga la luz y pulsa el play de su ordenador varios instrumentos irreconocibles invaden nuestros oídos. ¿Donde estamos? -pregunta. Por un momento nos trasladamos a Egipto y nos dejamos llevar. Los instrumentos con el sonido del Nilo de fondo, me sumen en una tranquilidad inexplicable. ¡Qué gran clase!
Salgo de clase y en la esquina hay puestos de una especie de consomé o sirope de manzana sin alcohol, muy típico de la región y palomitas de maíz dulce recién hechas. Para paliar el frío y el hambre después de largas horas de clase, no me queda mas remedio y sucumbo a la compra. El sirope de manzana se desliza por mi garganta y la recubre de un calor exquisito.
Me dirijo hacia el río, para correr un rato y por el camino un demócrata de acento neoyorquino que hace encuestas callejeras me comienza a hacer preguntas sobre Obama y me persigue un rato. En el río el sonido acompasado de los 16 remos que salpican en el agua, mezclado con las poderosas inspiraciones de los atléticos remeros es muestra de tenacidad, de fuerza, de pasión. Mis mejillas se sonrojan a causa del viento helado, me cuesta respirar el aire congelado.
De camino a casa las animadoras del equipo de fútbol Americano de Harvard hacen una pequeña exhibición en la calle con sus calentadores y sus dos coletas características. Canciones de ánimo, sencillas, un tanto repetitivas. Aparece en mi ruta una vecina que se queja por el fuerte olor corporal de su compañera de cuarto, que es africana. Me extraña, me molesta la falta de tacto, la intolerancia. Supongo que cada raza tiene su olor corporal común y característico del que no somos conscientes. Me pregunto qué pensara la compañera africana del olor de esta chica… ¿Será también extraño para ella ?
Subo a mi cuarto y me doy cuenta de que llevamos varias semanas con las luces de navidad pegadas a las paredes y encendidas, Abby dice que le hace sentir que todavía estamos de celebraciones y que en su casa, las tiene puestas todo el año, ¡que buena idea! ¿no? Banderas (la de los Estados Unidos, la de California-ciudad de Abby, un cartel que apoya a Obama, pósters con los 20 consejos de la vida del College, Coldplay, James Dean… decoran nuestras paredes, dando esa esencia de habitación estudiantil norteamericana, que aquí se consigue.
Una amiga mía me quiere llevar a su Iglesia Baptista y me animo. OH HAPPY DAY!!!! Las voces afro americanas se unen a la vez que las caderas redondeadas se mueven al ritmo de las notas del piano.
Llega mi otra compañera de cuarto, de Chicago y voy a darle un abrazo, menos mal que me acuerdo que ella se siente un poco intimidada con el contacto físico. No abraza, no besa… ella sonríe y expresa el cariño de otra forma. Me escribe cartas de agradecimiento o notas con muy buena letra, me hace pasteles de calabaza, famosísimos en Boston y así se expresa ella. En general la gente me da abrazos, es lo común entre amigos. Cuando conoces a alguien por primera vez, no se te ocurra darle dos besos, porque se agobian, se lían, se imaginan lo peor… Un buen estrechón de manos, y hasta que no seáis buenos amigos nada de abrazos. Mi amiga de Indiana dice que ella nunca da besos, a nadie, su madre, le da uno en la frente por su cumpleaños. ¡Que gran trauma fue eso para mí! Me hace falta calor humano en las Américas… El contacto de la piel, la envoltura de unos brazos, esenciales para sentirse bien, para sentirse vivo.
Llevo cuatro meses viviendo en los Estados Unidos, en la ciudad de Boston y debo confesarte que la vida aquí es otro mundo.
Por las mañanas ya no es el piar de los pájaros o la luz calida del mediterráneo lo que me despierta, sino el goteo constante de las pequeñas estalactitas que se han formado en el tejado a causa de la nieve y que están en proceso de descongelación. Abro los ojos, miro hacia la litera de abajo, Abby, que comparte dormitorio conmigo, todavía duerme. El sonido de su respiración me relaja, esta conmigo. A continuación, las alarmas encadenadas de mis tres compañeras de cuarto, cuyas radios ya no me hablan en español. Es una algarabía de noticias informativas en inglés, que con el aturdimiento matutino, no consigo descifrar. Me gusta asomarme a la ventana justo al despertar porque las chimeneas de las demás residencias de la universidad están en plena actividad y el humo blanco que desprenden da un toque de casitas de cuento en un paisaje de invernal. Secadores, duchas, cepillos de dientes… ¡prisa!
Antes de salir de casa estos dias de enero mis compañeras de cuarto y yo llevamos a cabo la “ceremonia del tapado”, pasamos diez minutos como mínimo recubriéndonos el cuerpo. Camisetas térmicas, medias, pantalones de pana, doble calcetín, guantes, orejeras, gorros de lana, bufandas con tres vueltas y gran abrigo de plumas de oca, vencedoras ante el frío. Nos aseguramos que solo queden al descubierto los ojos, el resto, sin exposición alguna. Enrollamos las bufandas alrededor de los cuellos de las otras y nos convertimos en mamás por un rato. Al abrir la puerta de la calle el frío te ataca y ves como las personas se convierten en veloces hormigas (por el abombado de los abrigos de plumas) que exhalan vaho por los labios congelados. Tengo la piel cortada y los ojos se me llenan de lágrimas por el frío. Sin embargo, me gusta el invierno, me gusta sentir mi cuerpo bajo mil capas de abrigo y la sensación de astronauta que todos los atuendos de abrigo te dan.
Camino hacia el lugar donde he aparcado mi bicicleta. De pronto me golpea una gran bola de nieve en la nuca. ¡Es la Guerra! Mis mitones se esfuerzan en hacer bolas enormes, redondas y compactas para ser lanzadas a propulsión a los chicos de mi residencia, que se han despertado con ganas de batalla… Sigo caminando, mis botas de agua se pierden en la nieve todavía blanca. Es virgen, esta blandita, me hundo. Siento un silencio no habitual, diferente a los dias de otoño cuando las pisadas de las hojas secas eran la melodía de las calles. La nieve absorbe todos los ruidos. Menos el de mi chapoteo infantil, que me mantiene contenta. Monto en mi bicicleta, comienzo a pedalear entre taxis y autobuses escolares amarillos (como los de las películas). Las maquinas quitanieves me abren camino. De frente el chico que lanza desde su bicicleta el periódico del día a la puerta de las casas. Al girar la esquina me llega como siempre el tentador olor de donuts recién hechos del verdadero dunkin donuts. Desayuno en el gran comedor de la universidad cuyas ventanas son vidrieras al estilo de las catedrales. Rayos de luz de colores se reflejan en mi cuchara. Estudiantes somnolientos comen huevos, patatas, ketchup y salchichas sin piedad a las ocho de la mañana. Yo opto por la magdalena Americana, el “muffin”. Grandioso, un tanto aceitoso, pero rico. Observo los “bagles”, panes redondos con sabor a queso naranja americano con un agujero en el centro, muy compactos, difíciles de digerir. Justo entonces extraño el pan español, la barra gallega, crujiente, esponjosa, sin toda la química de los panes americanos. El café no sabe a café, sino a agua amarga. La chica que desayuna enfrente unta con cuidado crema de cacahuete sobre una manzana, mientras da sorbitos a una coca cola tamaño extra grande (como todo en Estados Unidos). Cereales de todos los colores y formas invaden las mesas alargadas junto a vasos de zumo de naranja artificial, sin pulpa, sin el color ni el sabor intenso de las naranjas valencianas. Al terminar, la bandeja se deposita en una cinta transportadora que se la lleva secretamente para ser limpiada. Y te sientes mimado.
Las campanas de la iglesia memorial, convertidas en mi reloj, ¡llego tarde! Todo se impregna de gorritos de colores que corren a clase. Con pompones, con orejeras incluidas, de lana, de nylon, de Harvard, de banderas, de rayas…
Química, laboratorio. El olor que se desprende de los frascos de cristal con sus coloridos compuestos químicos me marea. Las gafas de laboratorio me hacen ver a la gente borrosa y me agobio… Tras tres horas de verter, mezclar, medir, calentar, destilar… ¡por fin libre!
En este descanso de una hora salgo a bañarme en los rayitos de sol, que a penas calientan, pero que de algún modo me hacen sentir como en casa. A mi lado caminan estudiantes que hablan en los idiomas más pintorescos. Los chinos, inconfundibles, cuyas discretas palabras se mezclan con el teclear de las calculadoras (grandes científicos y matemáticos los asiáticos). Oigo la risa (señal de vida) de los latinos, que hacen mucho ruido y se dirigen a paso tranquilo a sus lecciones. Pasa junto a mi, Motema de Lesotho, chasca su lengua para decirme hola Sesotho porque sabe que me hace ilusión escucharla hablar su idioma. Estudiantes de francés caminan a clase, curvando los labios, practicando la U francesa. La señora de la limpieza de Portugal, que conserva su acento después de 20 años en los Estados Unidos. La campanilla del mendigo sonriente que sostiene un calderito en el que colecciona cuartos de dólar. Los árabes con sus kefiyas blancas y negras enrolladas al cuello, símbolo de identidad, de nacionalismo. Me encuentro con Camilo, mi amigo de México que lleva un poncho maravilloso, que lo protege del frío. Incluso sus palabras, bien si son en el mismo idioma, suenan distintas, por el acento, por la cadencia, por la expresividad de su cara simpática.
Clase de Culturas Islámicas. El profesor apaga la luz y pulsa el play de su ordenador varios instrumentos irreconocibles invaden nuestros oídos. ¿Donde estamos? -pregunta. Por un momento nos trasladamos a Egipto y nos dejamos llevar. Los instrumentos con el sonido del Nilo de fondo, me sumen en una tranquilidad inexplicable. ¡Qué gran clase!
Salgo de clase y en la esquina hay puestos de una especie de consomé o sirope de manzana sin alcohol, muy típico de la región y palomitas de maíz dulce recién hechas. Para paliar el frío y el hambre después de largas horas de clase, no me queda mas remedio y sucumbo a la compra. El sirope de manzana se desliza por mi garganta y la recubre de un calor exquisito.
Me dirijo hacia el río, para correr un rato y por el camino un demócrata de acento neoyorquino que hace encuestas callejeras me comienza a hacer preguntas sobre Obama y me persigue un rato. En el río el sonido acompasado de los 16 remos que salpican en el agua, mezclado con las poderosas inspiraciones de los atléticos remeros es muestra de tenacidad, de fuerza, de pasión. Mis mejillas se sonrojan a causa del viento helado, me cuesta respirar el aire congelado.
De camino a casa las animadoras del equipo de fútbol Americano de Harvard hacen una pequeña exhibición en la calle con sus calentadores y sus dos coletas características. Canciones de ánimo, sencillas, un tanto repetitivas. Aparece en mi ruta una vecina que se queja por el fuerte olor corporal de su compañera de cuarto, que es africana. Me extraña, me molesta la falta de tacto, la intolerancia. Supongo que cada raza tiene su olor corporal común y característico del que no somos conscientes. Me pregunto qué pensara la compañera africana del olor de esta chica… ¿Será también extraño para ella ?
Subo a mi cuarto y me doy cuenta de que llevamos varias semanas con las luces de navidad pegadas a las paredes y encendidas, Abby dice que le hace sentir que todavía estamos de celebraciones y que en su casa, las tiene puestas todo el año, ¡que buena idea! ¿no? Banderas (la de los Estados Unidos, la de California-ciudad de Abby, un cartel que apoya a Obama, pósters con los 20 consejos de la vida del College, Coldplay, James Dean… decoran nuestras paredes, dando esa esencia de habitación estudiantil norteamericana, que aquí se consigue.
Una amiga mía me quiere llevar a su Iglesia Baptista y me animo. OH HAPPY DAY!!!! Las voces afro americanas se unen a la vez que las caderas redondeadas se mueven al ritmo de las notas del piano.
Llega mi otra compañera de cuarto, de Chicago y voy a darle un abrazo, menos mal que me acuerdo que ella se siente un poco intimidada con el contacto físico. No abraza, no besa… ella sonríe y expresa el cariño de otra forma. Me escribe cartas de agradecimiento o notas con muy buena letra, me hace pasteles de calabaza, famosísimos en Boston y así se expresa ella. En general la gente me da abrazos, es lo común entre amigos. Cuando conoces a alguien por primera vez, no se te ocurra darle dos besos, porque se agobian, se lían, se imaginan lo peor… Un buen estrechón de manos, y hasta que no seáis buenos amigos nada de abrazos. Mi amiga de Indiana dice que ella nunca da besos, a nadie, su madre, le da uno en la frente por su cumpleaños. ¡Que gran trauma fue eso para mí! Me hace falta calor humano en las Américas… El contacto de la piel, la envoltura de unos brazos, esenciales para sentirse bien, para sentirse vivo.
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Cuarta crónica del viaje a México
27-03-2010
Mercado de San Cristóbal. Comunidades indígenas. City tour. San Juan Chamula. Zinacantan, trajes. Cada uno por su lado. Palenque rojo.
Esta mañana la cita es a las 9h. Ayer, el guía nos indicó que a primera hora si nos acercábamos al mercado de San Cristóbal, podríamos encontrar a los indígenas haciendo trueques y ver la gran variedad de trajes de las diferentes comunidades indígenas que van a vender allí. Así que aprovechando que la salida no es muy temprana, acordamos levantarnos a las 7h y visitarlo.
Según íbamos acercándonos al mercado, empezamos a ver mujeres vendiendo en la calle, con una cocina de leña, tacos, tamales, quesadillas y otras viandas irreconocibles por nosotros, a la gente que se encontraba a tan temprana hora por la calle. El desayuno de Chiapas. Lo de temprana hora lo digo por nosotros, que seguro que para ellos que ya llevaban un buen rato zascandileando por allí no lo sería tanto.
Nos fuimos encontrando indias chamula, con sus faldas de piel de cordero negro con todo su pelo, vendiendo sacos de hojas de pino, que sobresalían por la boca del saco. No podíamos imaginar el uso que se le podría dar a
tal producto, pero durante el día pudimos comprobarlo.
Vimos hornos donde una gran máquina escupe tortitas de maíz en serie, que los operarios apilan con enorme destreza. Una moto como las de reparto de pizzas las mete en su cajón y sale pitando para algún destino concreto para que lleguen calentitas. El mercado de carne discurre a nuestra derecha y los puestos están apiñados unos a otros de tamaño tan pequeño, que da la impresión de ser contenedores puestos de pie. Hay mucha chapa haciendo las veces de tejado. Sus callejones son tan estrechos que con dificultad caben dos personas a la vez. No me puedo imaginar como entrarán la mercancía.
Este es el paisaje que vamos viendo antes de llegar al recinto del mercado central de San Cristóbal. Mujeres vendiendo escobas, telas, cerámica, chiles, guisantes de muchos colores y cualquier tipo de cosas bordean el edificio del mercado, algunos están montando los puestos, otros desgranando los guisantes, aquellos con las gallinas agarradas por las patas, muy quietas mientras son transportadas. No se oyen gritos para llamar la atención de los clientes, que a esa hora no son muy numerosos, y la sensación que tengo es que todo el mundo es indígena, y que hay pocos mestizos. Nosotros somos la excepción y damos la nota discordante, cámara en ristre y con un pasear tan pausado y mirándolo todo con tanta atención, que ni siquiera nos molestan para decirnos si estamos interesados en algo, salvo alguien que nos dice “a la orden”
El edificio del mercado dispone de puestos de carne, en la que las cabezas de las reses despellejadas reposan sobre los mostradores y los carniceros arreglan las diferentes piezas. Puestos de vísceras, pezuñas y tripas que por lo general no ves en los nuestros, aquí abundan, grandes montañas de bacalao seco y otros pescados desconocidos aparecen al volver una esquina, numerosos puestos de comida preparan sus platillos, pues es habitual comer en el mercado, otros funden queso en grandes cacerolas, cortezas fritas, por fortuna pocos puestos de pescado fresco y por el suelo, una suciedad que quita las ganas de comprar al más pintado.
Me llegué a sentir mareado en algún momento, no se si era cierta nausea por lo que veía y olía o que ya empezaba a estar sufriendo la venganza de Moctezuma. A la salida topé con un altarcito muy cargado de flores con su virgen detrás de un cristal y numerosas velas encendidas. Eso ha sido una estampa habitual en muchos de los mercados que hemos ido visitando a lo largo de todo México.
Tomamos un taxi, 20 pesos, un poco más de un euro que se cambia a 16 ó 17 pesos, para tener tiempo de desayunar antes de emprender el viaje a los pueblos indígenas.
La guía que nos asignan ese día es una mujer francesa, profesora en la universidad de San Cristóbal de las Casas y esta bien documentada.
El autocar nos deja a las afueras de San Juan Chamula, ya que tienen prohibido la entrada en autobús a los turistas. Un dato que nos da la guía es que el poder político que tiene ese pueblo es tal que han conseguido que le construyan una autopista de hasta tres carriles exclusivamente hasta su pueblo, más allá sigue la carretera nacional.
Lo primero que se ve desde el aparcamiento es el cementerio sin vallar y con tumbas de tierra, algunas muy recientes y algún que otro perro deambulando entre ellas. Vete a saber si rebuscando. La iglesia de San Esteban en mitad de todo y en total ruina.
Nos vamos adentrando en la ciudad y vemos casas muy modernas al lado de otras más tradicionales hechas con bloques de hormigón sin enlucir y techos de chapa ondulada. Nos dice la guía que los que se van a Norteamérica vuelven y se hacen casas a imagen de las americanas formando un contraste curiosísimo.
En la plaza la animación es tremenda. Es sábado y están realizando un ritual delante de la puerta de la iglesia. Mientras llegábamos al pueblo fuimos advertidos por la guía que está totalmente prohibido hacer fotos durante las ceremonias y por supuesto imposible dentro de la iglesia. Nos subimos al templete de la plaza y desde esa atalaya observamos el ir y venir de la gente que se agrupa por familias o clanes muy numerosos. Nos enteramos que es la fiesta del Mayordomo, que viene a ser el alcalde. Viste con sombrero rojo para distinguirlo. Muchos chamula visten con pieles de cordero, las faldas de las mujeres suelen ser de piel negra hasta los tobillos y los hombres llevan una casulla sin mangas también de piel de cordero por lo general blanca. Cuanto más largo es el pelo de la piel del cordero, mayor rango social ostenta la persona. No se que hará un pobre que tenga un cordero con pelo muy largo, si se verá obligado a venderlo a un rico o le prohibirán usarlo para él.
Las mujeres de los principales del pueblo visten completamente de negro. Se ven mayores y gruesas. El suelo de la plaza está lleno de ramas en forma de pasillo hasta la puerta de la iglesia. Allí, delante de la puerta, se encuentran reunidos los dirigentes del pueblo con personas que portan a sus espaldas baúles cuadrados ricamente adornados, muchachas jóvenes que mueven al ritmo de la música recipientes humeantes de copal, especie de incienso y el grupo que cantan una salmodia repetitiva que, nos dice la guía, incorpora ligeras diferencias de estrofa a estrofa.
Nosotros decidimos entrar en la iglesia sorteando a toda esta gente y evidentemente echando un ojo a todo este tinglado para no perder detalle. Sin molestar pues las advertencias de la guía han sido muy claras.
La atracción turística del pueblo es evidentemente la iglesia. Y es natural que así sea. Cuando entras ya distingues que no es una iglesia al uso. No hay bancos, es diáfana. En su lugar encuentras a grupos de personas en corros disponiendo velas en el suelo en forma de hileras. Entre las personas algunas gallinas a la espera de ser sacrificadas imagino, no sueltas sino formando parte del equipaje del grupo. En los laterales, una sucesión de imágenes dentro de fanales o armarios acristalados donde se encuentran santos disfrazados con los trajes más estrafalarios que os podáis imaginar. No se si es que la imaginería española es muy buena y que las mujeres que se quedan a vestir santos, que tanto se daba antes en nuestro pais me tiene mal acostumbrado, pero la diferencia es abismal entre la imaginería de los Chamula y lo que se suele ver en nuestro pais. Produce risa, asombro, desconcierto por lo estrafalario, por lo infantil que parecen los autores de las imágenes y ternura, mucha ternura. Eso si, te impresiona. Todos tienen un montón de velas encendidas por lo que la sensación desde el atrio de la iglesia es que hay dos filas de montones de velas encendidas a cada lado de la iglesia. En el costado izquierdo, y apoyado sobre la pared, no instalado, formando el típico ángulo inclinado que forma algo que has apoyado, se encuentra el antiguo retablo del altar principal de la iglesia. Casi hasta el techo, de madera, está carcomido y no lo han tirado porque les han convencido que es una reliquia digna de restaurar y conservar. Ellos han encargado uno de hormigón y allí lo tienen. El antiguo lo querían dejar al aire libre, en la iglesia de San Esteban, que está en el cementerio de la entrada al pueblo, sin techumbre.
En el altar principal, en el que por supuesto no hay sagrario, ni se celebra misa, la escena que veo es la de muchos hombres que en grandes telas transportan palmas. Las van sacando y apilando sobre unas grandes mesas que hay en el recinto. Mañana es Domingo de Ramos. Se me antoja que son diferentes cofradías que aportan cada una su contribución de palmas. En total puede haber en el recinto del altar unos cuatro o cinco grupos de unas diez personas y siguen entrando más. Todos con su hato de palmas. Nosotros seguimos dando la vuelta por la iglesia y vemos como un indiecito va rascando los pegotones de ceras que han ido quedando sobre el suelo, con una espátula. Todo está lleno de hojas de pino verde. Esas que por la mañana veíamos en el mercado. Es para dar buen olor. Los niños que corretean se resbalan con las hojas de pino y el suelo porcelánico que acaban de poner. Todo un despropósito. A la salida todavía están danzando y salmodiando. Nos volvemos a nuestra atalaya y vemos como finaliza el rito, tiran cohetes y cada clan se va marchando por los diferentes puntos de la plaza casi en fila y precedidos por sus jefes.
La ceremonia continúa en la plaza adjunta, la del mercado en el que las mujeres de las autoridades se reúnen en torno a una cruz muy grande, pero que curiosamente no es la cruz cristiana, sino un símbolo azteca. Los españoles al llegar vieron éste símbolo, se quedaron muy sorprendidos y lo respetaron. Representa los puntos cardinales y el centro como un punto más a tener en cuenta. En cada extremo hay dibujados unos símbolos y cada brazo termina en una especie de bola. En uno de los rincones de la plaza hay una mujer tejiendo a la antigua usanza, con unos peines para cardar la lana y sacar hilos finos. Un grupo de niños azuzan a unos gallos que están a la venta y atados de una pata para que se picoteen, con el consiguiente cacareo y escándalo. Pasamos por grupos de mujeres que están sentadas a las afueras del nuevo mercado del pueblo, un edificio grande que todavía no se ha inaugurado y del que se duda de su uso por parte de la gente del pueblo según nos cuenta la guía. Cuando estamos llegando al autobús, vemos un equipo de TV acompañados por el alcalde, pues es evidente que sin su permiso no podrían filmar nada. Menudo negocio deben de tener montado con esto de los derechos de imagen. También vemos pasar lujosos coches y todo terrenos conducidos por las autoridades del pueblo que ya han acabado y se marchan.
El siguiente pueblo a visitar es Zinacantan, a muy pocos kilómetros de San Juan Chamula. La guía nos lleva directamente a la tienda que tiene una gran profusión de telas, trajes, alfombras y demás. Está todo organizado. Te reciben con un licor que dicen que destilan ellos clandestinamente. Sin que me diera cuenta, al entrar en otra habitación de la tienda ya habían disfrazado a la familia de madrileños que nos acompaña compuesta por la pareja y dos hijos jóvenes. Ellos están disfrazados de novios y los padres de padrinos. Todos muy guapos y foto va y foto viene. Al fondo de la tienda tienen habilitadas dos habitaciones amplias con sus correspondientes cocinas casi a ras de suelo donde te hacen tortitas y fajitas de carne o verdura y que tienen una pinta estupenda.
Te puedes sentar en unos bancos bajos y comer bajo petición a la mujer que hay allí cocinando. Yo no me encuentro nada bien y tengo que salir fuera a que me de un poco el aire, las habitaciones se han llenado de humo a causa de la falta de chimeneas. Solo las rendijas que quedan entre el techo y las paredes, hacen de tiro para el humo, antes todo ha quedado impregnado por el olor a fritanga y asado.
En el viaje de vuelta a San Cristóbal empiezo a ponerme blanco como la cera y optan por dejarme en el hotel. Los demás se van a visitar la ciudad. El “city tour” que había anunciado en el programa. Me echo y al rato llegan Maite y Helena, con Maite también mal. Nos acostamos y Helena se va a dar una gran vuelta por San Cristóbal. A eso de las seis de la tarde, me encuentro mejor y decido salir al andador para ver el ambiente.
Estamos cada uno por su lado.
Me siento en una terraza frente a mi calle del hotel con idea de ver cuando llega Helena y allí paso más de una hora, viendo pasar visitantes y locales, vendedores a cada dos por tres, gente de todo tipo, indígenas y mestizos, niños vendiendo, los limpiabotas, los puestos de venta de comida, el señor que está junto a mi mesa y vende cigarros sueltos y chicles o piruletas, con clientes que lo requieren muy a menudo. La gente de la ciudad que lleva a sus hijos vestidos de domingo.
He retrocedido con la mente muchos años en el tiempo y recuerdo que antes, en mi ciudad, Ceuta, era algo similar el ambiente, la forma de moverse por la calle Real los domingos me recuerda a este andador. Montones de personas paseando por mitad de la calle sin tráfico, los vendedores de trufas y altramuces, de pipas de girasol saladas que metían en un cucurucho de papel midiendo con un cubilete de madera, el aspecto más oscuro de la piel de los hombres por el trabajo en el campo a pleno sol, los marroquíes con sus vestimentas, nosotros vestidos de domingo y tomando helados de tuti fruti de la mano de alguna persona mayor.
Al lado, el teatro donde se representa Palenque Rojo. Nos lo han recomendado y en la puerta hay un actor ataviado con penacho de plumas de quetzal, tobilleras con conchas que al chocar unas contra otras hacen un sonido parecido a los cascabeles, peto y muñequeras y algún arma como hachas y arcos que blande al paso de los turistas solicitando unas monedas a quien quiera echarle una foto. Al lado un par de mujeres vendiendo entradas a 150 y 200 pesos. Según estés sentado más adelante o más atrás.
Cuando vuelvo a la habitación ya está Helena consolando a Maite que tiene un poco de fiebre. Al final nos anima a que vayamos a ver la obra de teatro y nos vestimos de domingo también nosotros contagiados por el público que pasea por el andador.
La obra es un gran espectáculo de música, trajes y luces. Representa la lucha entre Toniná y Palenque, dos ciudades mayas con Kan Joy Chitan II, hijo del gran Pakal II.
Entre los personajes destacan animales como el puma, el cuervo, el vampiro, el cerdo salvaje y el cocodrilo, que se desliza sobre un patinete con ruedas pertinentemente camuflado, sobre el que se ha tumbado boca abajo. Las figuras de los guerreros, las princesas, los dos dioses gemelos que narran la historia y la música que está oculta tras unos velos a la izquierda de un escenario que o bien representa una plaza rodeada de pirámides representando a la ciudad de Palenque o bien una selva, hacen que el espectáculo sea grandioso. El pasillo central del teatro sirve de escenario por el que entran y salen los personajes acercando al público la riqueza de sus trajes y la belleza de sus cuerpos.
Al terminar la obra, Helena y yo paseamos por la zona que habían visitado por la tarde y que le había gustado. Claro que se había encontrado con una boda y con las tiendas de artesanía abiertas. A estas horas sólo los bares y los restaurantes están abiertos y se desbordan de gente incitándote a entrar en su ambiente festivo. Picamos y en uno que nos gustó pedimos unos nachos con guacamole y unos combinados estupendos.
Nos vamos a dormir.
Mercado de San Cristóbal. Comunidades indígenas. City tour. San Juan Chamula. Zinacantan, trajes. Cada uno por su lado. Palenque rojo.
Esta mañana la cita es a las 9h. Ayer, el guía nos indicó que a primera hora si nos acercábamos al mercado de San Cristóbal, podríamos encontrar a los indígenas haciendo trueques y ver la gran variedad de trajes de las diferentes comunidades indígenas que van a vender allí. Así que aprovechando que la salida no es muy temprana, acordamos levantarnos a las 7h y visitarlo.Según íbamos acercándonos al mercado, empezamos a ver mujeres vendiendo en la calle, con una cocina de leña, tacos, tamales, quesadillas y otras viandas irreconocibles por nosotros, a la gente que se encontraba a tan temprana hora por la calle. El desayuno de Chiapas. Lo de temprana hora lo digo por nosotros, que seguro que para ellos que ya llevaban un buen rato zascandileando por allí no lo sería tanto.
Nos fuimos encontrando indias chamula, con sus faldas de piel de cordero negro con todo su pelo, vendiendo sacos de hojas de pino, que sobresalían por la boca del saco. No podíamos imaginar el uso que se le podría dar a
Vimos hornos donde una gran máquina escupe tortitas de maíz en serie, que los operarios apilan con enorme destreza. Una moto como las de reparto de pizzas las mete en su cajón y sale pitando para algún destino concreto para que lleguen calentitas. El mercado de carne discurre a nuestra derecha y los puestos están apiñados unos a otros de tamaño tan pequeño, que da la impresión de ser contenedores puestos de pie. Hay mucha chapa haciendo las veces de tejado. Sus callejones son tan estrechos que con dificultad caben dos personas a la vez. No me puedo imaginar como entrarán la mercancía.
Este es el paisaje que vamos viendo antes de llegar al recinto del mercado central de San Cristóbal. Mujeres vendiendo escobas, telas, cerámica, chiles, guisantes de muchos colores y cualquier tipo de cosas bordean el edificio del mercado, algunos están montando los puestos, otros desgranando los guisantes, aquellos con las gallinas agarradas por las patas, muy quietas mientras son transportadas. No se oyen gritos para llamar la atención de los clientes, que a esa hora no son muy numerosos, y la sensación que tengo es que todo el mundo es indígena, y que hay pocos mestizos. Nosotros somos la excepción y damos la nota discordante, cámara en ristre y con un pasear tan pausado y mirándolo todo con tanta atención, que ni siquiera nos molestan para decirnos si estamos interesados en algo, salvo alguien que nos dice “a la orden”
El edificio del mercado dispone de puestos de carne, en la que las cabezas de las reses despellejadas reposan sobre los mostradores y los carniceros arreglan las diferentes piezas. Puestos de vísceras, pezuñas y tripas que por lo general no ves en los nuestros, aquí abundan, grandes montañas de bacalao seco y otros pescados desconocidos aparecen al volver una esquina, numerosos puestos de comida preparan sus platillos, pues es habitual comer en el mercado, otros funden queso en grandes cacerolas, cortezas fritas, por fortuna pocos puestos de pescado fresco y por el suelo, una suciedad que quita las ganas de comprar al más pintado.Me llegué a sentir mareado en algún momento, no se si era cierta nausea por lo que veía y olía o que ya empezaba a estar sufriendo la venganza de Moctezuma. A la salida topé con un altarcito muy cargado de flores con su virgen detrás de un cristal y numerosas velas encendidas. Eso ha sido una estampa habitual en muchos de los mercados que hemos ido visitando a lo largo de todo México.
Tomamos un taxi, 20 pesos, un poco más de un euro que se cambia a 16 ó 17 pesos, para tener tiempo de desayunar antes de emprender el viaje a los pueblos indígenas.
La guía que nos asignan ese día es una mujer francesa, profesora en la universidad de San Cristóbal de las Casas y esta bien documentada.
El autocar nos deja a las afueras de San Juan Chamula, ya que tienen prohibido la entrada en autobús a los turistas. Un dato que nos da la guía es que el poder político que tiene ese pueblo es tal que han conseguido que le construyan una autopista de hasta tres carriles exclusivamente hasta su pueblo, más allá sigue la carretera nacional.Lo primero que se ve desde el aparcamiento es el cementerio sin vallar y con tumbas de tierra, algunas muy recientes y algún que otro perro deambulando entre ellas. Vete a saber si rebuscando. La iglesia de San Esteban en mitad de todo y en total ruina.
Nos vamos adentrando en la ciudad y vemos casas muy modernas al lado de otras más tradicionales hechas con bloques de hormigón sin enlucir y techos de chapa ondulada. Nos dice la guía que los que se van a Norteamérica vuelven y se hacen casas a imagen de las americanas formando un contraste curiosísimo.
En la plaza la animación es tremenda. Es sábado y están realizando un ritual delante de la puerta de la iglesia. Mientras llegábamos al pueblo fuimos advertidos por la guía que está totalmente prohibido hacer fotos durante las ceremonias y por supuesto imposible dentro de la iglesia. Nos subimos al templete de la plaza y desde esa atalaya observamos el ir y venir de la gente que se agrupa por familias o clanes muy numerosos. Nos enteramos que es la fiesta del Mayordomo, que viene a ser el alcalde. Viste con sombrero rojo para distinguirlo. Muchos chamula visten con pieles de cordero, las faldas de las mujeres suelen ser de piel negra hasta los tobillos y los hombres llevan una casulla sin mangas también de piel de cordero por lo general blanca. Cuanto más largo es el pelo de la piel del cordero, mayor rango social ostenta la persona. No se que hará un pobre que tenga un cordero con pelo muy largo, si se verá obligado a venderlo a un rico o le prohibirán usarlo para él.
Las mujeres de los principales del pueblo visten completamente de negro. Se ven mayores y gruesas. El suelo de la plaza está lleno de ramas en forma de pasillo hasta la puerta de la iglesia. Allí, delante de la puerta, se encuentran reunidos los dirigentes del pueblo con personas que portan a sus espaldas baúles cuadrados ricamente adornados, muchachas jóvenes que mueven al ritmo de la música recipientes humeantes de copal, especie de incienso y el grupo que cantan una salmodia repetitiva que, nos dice la guía, incorpora ligeras diferencias de estrofa a estrofa.Nosotros decidimos entrar en la iglesia sorteando a toda esta gente y evidentemente echando un ojo a todo este tinglado para no perder detalle. Sin molestar pues las advertencias de la guía han sido muy claras.
La atracción turística del pueblo es evidentemente la iglesia. Y es natural que así sea. Cuando entras ya distingues que no es una iglesia al uso. No hay bancos, es diáfana. En su lugar encuentras a grupos de personas en corros disponiendo velas en el suelo en forma de hileras. Entre las personas algunas gallinas a la espera de ser sacrificadas imagino, no sueltas sino formando parte del equipaje del grupo. En los laterales, una sucesión de imágenes dentro de fanales o armarios acristalados donde se encuentran santos disfrazados con los trajes más estrafalarios que os podáis imaginar. No se si es que la imaginería española es muy buena y que las mujeres que se quedan a vestir santos, que tanto se daba antes en nuestro pais me tiene mal acostumbrado, pero la diferencia es abismal entre la imaginería de los Chamula y lo que se suele ver en nuestro pais. Produce risa, asombro, desconcierto por lo estrafalario, por lo infantil que parecen los autores de las imágenes y ternura, mucha ternura. Eso si, te impresiona. Todos tienen un montón de velas encendidas por lo que la sensación desde el atrio de la iglesia es que hay dos filas de montones de velas encendidas a cada lado de la iglesia. En el costado izquierdo, y apoyado sobre la pared, no instalado, formando el típico ángulo inclinado que forma algo que has apoyado, se encuentra el antiguo retablo del altar principal de la iglesia. Casi hasta el techo, de madera, está carcomido y no lo han tirado porque les han convencido que es una reliquia digna de restaurar y conservar. Ellos han encargado uno de hormigón y allí lo tienen. El antiguo lo querían dejar al aire libre, en la iglesia de San Esteban, que está en el cementerio de la entrada al pueblo, sin techumbre.
En el altar principal, en el que por supuesto no hay sagrario, ni se celebra misa, la escena que veo es la de muchos hombres que en grandes telas transportan palmas. Las van sacando y apilando sobre unas grandes mesas que hay en el recinto. Mañana es Domingo de Ramos. Se me antoja que son diferentes cofradías que aportan cada una su contribución de palmas. En total puede haber en el recinto del altar unos cuatro o cinco grupos de unas diez personas y siguen entrando más. Todos con su hato de palmas. Nosotros seguimos dando la vuelta por la iglesia y vemos como un indiecito va rascando los pegotones de ceras que han ido quedando sobre el suelo, con una espátula. Todo está lleno de hojas de pino verde. Esas que por la mañana veíamos en el mercado. Es para dar buen olor. Los niños que corretean se resbalan con las hojas de pino y el suelo porcelánico que acaban de poner. Todo un despropósito. A la salida todavía están danzando y salmodiando. Nos volvemos a nuestra atalaya y vemos como finaliza el rito, tiran cohetes y cada clan se va marchando por los diferentes puntos de la plaza casi en fila y precedidos por sus jefes.
La ceremonia continúa en la plaza adjunta, la del mercado en el que las mujeres de las autoridades se reúnen en torno a una cruz muy grande, pero que curiosamente no es la cruz cristiana, sino un símbolo azteca. Los españoles al llegar vieron éste símbolo, se quedaron muy sorprendidos y lo respetaron. Representa los puntos cardinales y el centro como un punto más a tener en cuenta. En cada extremo hay dibujados unos símbolos y cada brazo termina en una especie de bola. En uno de los rincones de la plaza hay una mujer tejiendo a la antigua usanza, con unos peines para cardar la lana y sacar hilos finos. Un grupo de niños azuzan a unos gallos que están a la venta y atados de una pata para que se picoteen, con el consiguiente cacareo y escándalo. Pasamos por grupos de mujeres que están sentadas a las afueras del nuevo mercado del pueblo, un edificio grande que todavía no se ha inaugurado y del que se duda de su uso por parte de la gente del pueblo según nos cuenta la guía. Cuando estamos llegando al autobús, vemos un equipo de TV acompañados por el alcalde, pues es evidente que sin su permiso no podrían filmar nada. Menudo negocio deben de tener montado con esto de los derechos de imagen. También vemos pasar lujosos coches y todo terrenos conducidos por las autoridades del pueblo que ya han acabado y se marchan.
El siguiente pueblo a visitar es Zinacantan, a muy pocos kilómetros de San Juan Chamula. La guía nos lleva directamente a la tienda que tiene una gran profusión de telas, trajes, alfombras y demás. Está todo organizado. Te reciben con un licor que dicen que destilan ellos clandestinamente. Sin que me diera cuenta, al entrar en otra habitación de la tienda ya habían disfrazado a la familia de madrileños que nos acompaña compuesta por la pareja y dos hijos jóvenes. Ellos están disfrazados de novios y los padres de padrinos. Todos muy guapos y foto va y foto viene. Al fondo de la tienda tienen habilitadas dos habitaciones amplias con sus correspondientes cocinas casi a ras de suelo donde te hacen tortitas y fajitas de carne o verdura y que tienen una pinta estupenda. En el viaje de vuelta a San Cristóbal empiezo a ponerme blanco como la cera y optan por dejarme en el hotel. Los demás se van a visitar la ciudad. El “city tour” que había anunciado en el programa. Me echo y al rato llegan Maite y Helena, con Maite también mal. Nos acostamos y Helena se va a dar una gran vuelta por San Cristóbal. A eso de las seis de la tarde, me encuentro mejor y decido salir al andador para ver el ambiente.
Estamos cada uno por su lado.
Me siento en una terraza frente a mi calle del hotel con idea de ver cuando llega Helena y allí paso más de una hora, viendo pasar visitantes y locales, vendedores a cada dos por tres, gente de todo tipo, indígenas y mestizos, niños vendiendo, los limpiabotas, los puestos de venta de comida, el señor que está junto a mi mesa y vende cigarros sueltos y chicles o piruletas, con clientes que lo requieren muy a menudo. La gente de la ciudad que lleva a sus hijos vestidos de domingo.
Al lado, el teatro donde se representa Palenque Rojo. Nos lo han recomendado y en la puerta hay un actor ataviado con penacho de plumas de quetzal, tobilleras con conchas que al chocar unas contra otras hacen un sonido parecido a los cascabeles, peto y muñequeras y algún arma como hachas y arcos que blande al paso de los turistas solicitando unas monedas a quien quiera echarle una foto. Al lado un par de mujeres vendiendo entradas a 150 y 200 pesos. Según estés sentado más adelante o más atrás.Cuando vuelvo a la habitación ya está Helena consolando a Maite que tiene un poco de fiebre. Al final nos anima a que vayamos a ver la obra de teatro y nos vestimos de domingo también nosotros contagiados por el público que pasea por el andador.
La obra es un gran espectáculo de música, trajes y luces. Representa la lucha entre Toniná y Palenque, dos ciudades mayas con Kan Joy Chitan II, hijo del gran Pakal II.
Entre los personajes destacan animales como el puma, el cuervo, el vampiro, el cerdo salvaje y el cocodrilo, que se desliza sobre un patinete con ruedas pertinentemente camuflado, sobre el que se ha tumbado boca abajo. Las figuras de los guerreros, las princesas, los dos dioses gemelos que narran la historia y la música que está oculta tras unos velos a la izquierda de un escenario que o bien representa una plaza rodeada de pirámides representando a la ciudad de Palenque o bien una selva, hacen que el espectáculo sea grandioso. El pasillo central del teatro sirve de escenario por el que entran y salen los personajes acercando al público la riqueza de sus trajes y la belleza de sus cuerpos.
Al terminar la obra, Helena y yo paseamos por la zona que habían visitado por la tarde y que le había gustado. Claro que se había encontrado con una boda y con las tiendas de artesanía abiertas. A estas horas sólo los bares y los restaurantes están abiertos y se desbordan de gente incitándote a entrar en su ambiente festivo. Picamos y en uno que nos gustó pedimos unos nachos con guacamole y unos combinados estupendos.
Nos vamos a dormir.
TERCERA CRÓNICA DEL VIAJE A MÉXICO.
26-03-2010
Lagos de Montebello. Grutas de Rancho Nuevo. Cascadas del Chiflón. Visita de los lagos. Amatenango del Valle. Cerámica. San Cristóbal de las Casas
La salida hoy es a las 9 de la mañana. El desayuno en el hotel tipo buffet muy agradable y abundante. Tan agradable como puede ser elegir entre cosas que desconoces y tan abundante como te pida el cuerpo. Las frutas tropicales lo más colorido del buffet. Una mujer hace tortitas de maíz que puedes rellenar de cosas que no sabes cómo pedir. Te plantas a un lado, esperando que algún oriundo del país haga su comanda por ver si te resulta apetecible. Por otro lado destapas tapaderas para descubrir cosas diferentes a lo que estás acostumbrado a ver, guisos de carne, verduras distintas, nombres innombrables, sin pan. De todas formas sales del paso aun sintiéndote un ogro cuando llegas a la mesa y te encuentras que Maite ha elegido unas frutas tropicales y un poco de café y tú llevas el plato a rebosar de cosas extrañas. Helena aminora mi sensación pues su menú es un poco más variado.
Con guía nuevo y nuevos compañeros de viaje reanudamos nuestra visita por Chiapas.
Nos trasladamos en una furgoneta con entrada lateral de esas que desplazan la puerta a lo largo del costado. La capacidad es de unas 10-12 personas. Más íntimo, saludos, y poco más, la gente no está muy dispuesta a charlar. La primera parada es en Las Grutas del Rancho Nuevo. Tiene aproximadamente 700 metros de largo, y es poco profunda, prácticamente llana, ligeramente iluminada y con el suelo bien preparado para no tropezar. Nos la va a enseñar una niña de nombre Lucía. Su humor es muy curioso. Tiene un acento al hablar castellano totalmente diferente a lo que yo he escuchado. Es cantarín. Parece como si se supiera totalmente de memoria todo lo que tiene que decir. Llego a sospechar que sólo sabe decir eso en castellano y que su idioma es otro. Según vamos avanzando por la cueva, nos va señalando distintas figuras que van formando las rocas. Para todas tiene un chascarrillo. Si la figura es parecida a un tiburón sin dientes, le llama “tiburón chimuelo”, otra es la figura de Carlos V de chocolate, solo que el chocolate ya se lo comieron. Cuando aparecen dos figuras de serpientes, una con la boca abierta y otra con la boca cerrada nos dice que la de la boca abierta tiene hambre. Si es una figura como una cascada de agua azul, nos dice que el azul no se ve porque no hay agua. Si es la de un indio maya un poco trompudo, está así porque quiere beso. Hay un gorila que está diciendo oooohhh!. Estas y otras muchas figuras iban apareciendo a lo largo del camino y la mayoría estan relacionadas unas con otras, bien porque el gorila que dice ooohhh! se ha comido parte de otra figura que aparece más adelante, o porque se ha asustado de la serpiente con la boca abierta, o vete a saber qué. Fue una visita muy agradable y todos reímos con sus gracias que decía muy seria.
De nuevo al camión camino de las cascadas del Chiflón, que reciben ese nombre por el ruido que hacen, como chiflando. También se le llama “el velo de la novia”. Para llegar a la cascada grande, se va bordeando un río con sus recovecos y sus saltos, con un agua cristalina y azul. En este caso si se veía el azul porque había mucha agua. Las cascadas que iban apareciendo a nuestro paso eran a cual más bonita y enclavadas en una vegetación exuberante. Después de más de mil escalones, aparece majestuosa la gran cascada. Delante de ella discurre una tirolina que está dividida en dos tramos. El primero baja un poco y el otro hay que hacerlo tras subir un trecho y volver al primer lugar desde donde se tira la gente. Pasa justamente por delante de la cascada y el valle que va formando el río se desliza montaña abajo tapizando todo el terreno. La vista es espectacular. Helena y yo nos decidimos a lanzarnos colgados del cable y sujetos con el arnés. Llevábamos un artilugio que se introducía en el cable y que iba sujeto con dos asas de cuero y que servía para jalar de él cuando ibas llegando al final del trayecto a modo de freno.
Un señor de una edad avanzada, unos 75 años le echaba yo, quiso lanzarse antes que nosotros, pues su hijo ya lo había hecho y no quería hacerlo esperar. Accedimos gustosos pues el canguelo era mayúsculo y cuanto más atrasabas el lanzamiento como que te sentías mejor. Fue armado el señor con sus arneses y sus frenos y fue lanzado al vacío. Nada más despegar vimos estupefactos como se le soltaba el artilugio frenador, pues de las dos asas de las que disponía, una se le soltó y evidentemente se salió la guía que abrazaba el cable que era un taco de madera en forma de U invertida. Acto seguido giró todo su cuerpo avanzando a toda velocidad de espaldas hacia la torre receptora y sin posibilidad de usar su freno. La cara del muchacho que te ponía el arnés y te daba las instrucciones cambió de color y su expresión era de asombro. Todos mirábamos al veloz anciano y al monitor de hito en hito. El veloz anciano trataba de arreglar el estropicio, pero antes de que acabéis de leer esto que estoy escribiendo ya había llegado como una exhalación al otro lado del cable y como un fardo sin control se empotró contra el techo de la torreta que esperaba su llegada. Rebotó y quedó colgando del cable a unos cinco metros de la torre. Nosotros estábamos como a unos 150 metros y a esa distancia se ve poco cuando tratas de averiguar cuántos desperfectos ha causado el incidente. ¡Tranquilos!, al parecer tienen una zona acolchada en el techo de la torreta para casos así y el pobre anciano fue izado a fuerza de músculos y no sufrió desperfectos de consideración. Según nos dijeron no le pasó nada. No sabemos nadie cómo dormiría esa noche.
Estábamos como helados. Rígidos pero sin mostrar expresión alguna de miedo o asombro. Éramos los siguientes para el sacrificio. Ahora entiendo mejor a los pobres esclavos de guerra que eran sacrificados a manos de los aztecas sobre las pirámides como ofrenda a los dioses. La excitación ya de por sí alta que supone lanzarte al vacío colgado de un cable, que si, que parece fuerte, que mucha gente lo hace, que seguro que no pasa nada, que el señor tenía una edad que no se yo como se atreve, todo lo que quieras, pero la excitación estaba allí, ocupando toda tu mente, sobre una torreta a cinco o seis metros del suelo y sin la posibilidad de hacer tapón para los que vienen detrás. Helena abrió camino, tengo que decir que ella iba delante de mí y que no me colé. Maite estaba encargada de las fotos, tampoco salía de su asombro, presta a inmortalizar nuestra proeza. Con los músculos contraídos y alguna que otra marca de los cables en los brazos nos volvimos eufóricos al camión a seguir camino. Todo había salido bien y la experiencia valió la pena. ¡Qué queréis que os diga!
Ahora venían las visitas a los lagos de Montebello. Según nos íbamos acercando se empezó a nublar y el espesor de la niebla era cada vez mayor. La vegetación también se hacía cada vez más espesa y ya teníamos la sensación de estar en plena selva, cruzando de vez en cuando poblados indígenas que están a la vera de la carretera. Cada vez que pasas por uno de ellos, la carretera se llena de tacos para que los vehículos disminuyan la velocidad.
Los tacos son esos montículos que ponen en la carretera de nuestras urbanizaciones para que no corras, pero o la selva está muy poblada o se han
pasado poniendo tacos, pues más que circular parecía que cabalgábamos. Cuando llegamos al primer lago apenas se veía nada. A los lados del camino que llegaba al lado, tienen construidas unas casetas de madera que utilizan como restaurantes por decir algo. La caseta consta de una entrada y un mostrador frontal. Una mesa de madera con dos bancadas a cada lado; una estantería para colocar algunas cosillas y un fogón de leña con una chapa que hace la función de plancha donde van haciendo los pedidos de comida que hacen los clientes. Todos bien apretaditos empezamos a solicitar a la indiecita nuestra comida y nuestra bebida. La bebida principalmente fueron cervezas, que tubo que pedir a una caseta vecina. La comida que queréis que os diga, Maite, Helena y yo estábamos fuera de juego.
No se bien si esperábamos que Helena nos fuera diciendo qué pedir, o si tardó un poco, el caso es que cuando nos fuimos a dar cuenta, casi todos estaban con sus tamales, sus carnes, o sus quesadillas comiendo y nosotros sin decidirnos a pedir. Fajitas con chorizo, carne de res colgadas sobre un cordel como ropa tendida, salsas con chile de árbol muy picante y otras variedades del lugar que no eran muy abundantes.
La cabaña carecía de las más mínimas condiciones sanitarias y creo que fue el desencadenante de nuestros futuros aunque no muy lejanos males de panza, tanto de Maite como míos. Pero eso ya os lo iré contando aunque con pocos detalles, ya sabéis todos como funcionan esas enfermedades…
Al final comimos algo… (Bueno, aquí hago un inciso para acaparar la atención de aquellos que me dijeron que en mis anteriores crónicas no hacía más que hablar de comidas…ya veis, un simple “Al final comimos algo…”)
Seguimos camino viendo más lagos, hasta siete en total y con la suerte que en los últimos que visitamos despejó un poco y pudimos ver la belleza y el color de sus aguas. Maite compró un capazo que estaba haciendo una mujer y con el que se encaprichó.
Era el comienzo de un imparable, aunque fructífero afán comprador que no dejó de afectarle hasta el final del viaje.

Al final del día, nos acercamos a Amatenango del Valle, ya de anochecida. Entramos en la casa de unos indígenas que tenían un taller de cerámica y el guía llamó a una mujer que muy solícita nos hizo una demostración de cómo se trabaja el barro haciéndonos una vasija que nos dijo que no metían en el horno, sino que la dejaban secar al sol. También hacían jaguares y máscaras y le compramos una de un jaguar muy bonita y que os enseñaré con mucho gusto a los que me visiten.
De vuelta en San Cristóbal decidimos dar una vuelta por la ciudad, pues el ambiente seguía siendo encantador, todo el mundo en la calle, los niños, algunos que aun no saben ni hablar de lo pequeños que son y ya tratan de venderte algo, las mujeres ofreciéndote telas, animalitos de fieltro, pulseras.
Todo vale si compras, a cualquier precio, no hay comparación con el euro. La noche ya había caído en la ciudad y los grupos familiares se reunían delante de la plaza de la catedral con las mujeres y los niños sentados en corro. No se si se irían a dormir o lo harían allí mismo esperando el nuevo día. Nosotros ya estábamos cansados y decidimos cobijarnos en nuestro elegante hotel. Compramos una jirafa de fieltro de mil colores y nos fuimos muy contentos a dormir.
Lagos de Montebello. Grutas de Rancho Nuevo. Cascadas del Chiflón. Visita de los lagos. Amatenango del Valle. Cerámica. San Cristóbal de las CasasLa salida hoy es a las 9 de la mañana. El desayuno en el hotel tipo buffet muy agradable y abundante. Tan agradable como puede ser elegir entre cosas que desconoces y tan abundante como te pida el cuerpo. Las frutas tropicales lo más colorido del buffet. Una mujer hace tortitas de maíz que puedes rellenar de cosas que no sabes cómo pedir. Te plantas a un lado, esperando que algún oriundo del país haga su comanda por ver si te resulta apetecible. Por otro lado destapas tapaderas para descubrir cosas diferentes a lo que estás acostumbrado a ver, guisos de carne, verduras distintas, nombres innombrables, sin pan. De todas formas sales del paso aun sintiéndote un ogro cuando llegas a la mesa y te encuentras que Maite ha elegido unas frutas tropicales y un poco de café y tú llevas el plato a rebosar de cosas extrañas. Helena aminora mi sensación pues su menú es un poco más variado.
Con guía nuevo y nuevos compañeros de viaje reanudamos nuestra visita por Chiapas.
Nos trasladamos en una furgoneta con entrada lateral de esas que desplazan la puerta a lo largo del costado. La capacidad es de unas 10-12 personas. Más íntimo, saludos, y poco más, la gente no está muy dispuesta a charlar. La primera parada es en Las Grutas del Rancho Nuevo. Tiene aproximadamente 700 metros de largo, y es poco profunda, prácticamente llana, ligeramente iluminada y con el suelo bien preparado para no tropezar. Nos la va a enseñar una niña de nombre Lucía. Su humor es muy curioso. Tiene un acento al hablar castellano totalmente diferente a lo que yo he escuchado. Es cantarín. Parece como si se supiera totalmente de memoria todo lo que tiene que decir. Llego a sospechar que sólo sabe decir eso en castellano y que su idioma es otro. Según vamos avanzando por la cueva, nos va señalando distintas figuras que van formando las rocas. Para todas tiene un chascarrillo. Si la figura es parecida a un tiburón sin dientes, le llama “tiburón chimuelo”, otra es la figura de Carlos V de chocolate, solo que el chocolate ya se lo comieron. Cuando aparecen dos figuras de serpientes, una con la boca abierta y otra con la boca cerrada nos dice que la de la boca abierta tiene hambre. Si es una figura como una cascada de agua azul, nos dice que el azul no se ve porque no hay agua. Si es la de un indio maya un poco trompudo, está así porque quiere beso. Hay un gorila que está diciendo oooohhh!. Estas y otras muchas figuras iban apareciendo a lo largo del camino y la mayoría estan relacionadas unas con otras, bien porque el gorila que dice ooohhh! se ha comido parte de otra figura que aparece más adelante, o porque se ha asustado de la serpiente con la boca abierta, o vete a saber qué. Fue una visita muy agradable y todos reímos con sus gracias que decía muy seria.
Un señor de una edad avanzada, unos 75 años le echaba yo, quiso lanzarse antes que nosotros, pues su hijo ya lo había hecho y no quería hacerlo esperar. Accedimos gustosos pues el canguelo era mayúsculo y cuanto más atrasabas el lanzamiento como que te sentías mejor. Fue armado el señor con sus arneses y sus frenos y fue lanzado al vacío. Nada más despegar vimos estupefactos como se le soltaba el artilugio frenador, pues de las dos asas de las que disponía, una se le soltó y evidentemente se salió la guía que abrazaba el cable que era un taco de madera en forma de U invertida. Acto seguido giró todo su cuerpo avanzando a toda velocidad de espaldas hacia la torre receptora y sin posibilidad de usar su freno. La cara del muchacho que te ponía el arnés y te daba las instrucciones cambió de color y su expresión era de asombro. Todos mirábamos al veloz anciano y al monitor de hito en hito. El veloz anciano trataba de arreglar el estropicio, pero antes de que acabéis de leer esto que estoy escribiendo ya había llegado como una exhalación al otro lado del cable y como un fardo sin control se empotró contra el techo de la torreta que esperaba su llegada. Rebotó y quedó colgando del cable a unos cinco metros de la torre. Nosotros estábamos como a unos 150 metros y a esa distancia se ve poco cuando tratas de averiguar cuántos desperfectos ha causado el incidente. ¡Tranquilos!, al parecer tienen una zona acolchada en el techo de la torreta para casos así y el pobre anciano fue izado a fuerza de músculos y no sufrió desperfectos de consideración. Según nos dijeron no le pasó nada. No sabemos nadie cómo dormiría esa noche.Estábamos como helados. Rígidos pero sin mostrar expresión alguna de miedo o asombro. Éramos los siguientes para el sacrificio. Ahora entiendo mejor a los pobres esclavos de guerra que eran sacrificados a manos de los aztecas sobre las pirámides como ofrenda a los dioses. La excitación ya de por sí alta que supone lanzarte al vacío colgado de un cable, que si, que parece fuerte, que mucha gente lo hace, que seguro que no pasa nada, que el señor tenía una edad que no se yo como se atreve, todo lo que quieras, pero la excitación estaba allí, ocupando toda tu mente, sobre una torreta a cinco o seis metros del suelo y sin la posibilidad de hacer tapón para los que vienen detrás. Helena abrió camino, tengo que decir que ella iba delante de mí y que no me colé. Maite estaba encargada de las fotos, tampoco salía de su asombro, presta a inmortalizar nuestra proeza. Con los músculos contraídos y alguna que otra marca de los cables en los brazos nos volvimos eufóricos al camión a seguir camino. Todo había salido bien y la experiencia valió la pena. ¡Qué queréis que os diga!
Los tacos son esos montículos que ponen en la carretera de nuestras urbanizaciones para que no corras, pero o la selva está muy poblada o se han
pasado poniendo tacos, pues más que circular parecía que cabalgábamos. Cuando llegamos al primer lago apenas se veía nada. A los lados del camino que llegaba al lado, tienen construidas unas casetas de madera que utilizan como restaurantes por decir algo. La caseta consta de una entrada y un mostrador frontal. Una mesa de madera con dos bancadas a cada lado; una estantería para colocar algunas cosillas y un fogón de leña con una chapa que hace la función de plancha donde van haciendo los pedidos de comida que hacen los clientes. Todos bien apretaditos empezamos a solicitar a la indiecita nuestra comida y nuestra bebida. La bebida principalmente fueron cervezas, que tubo que pedir a una caseta vecina. La comida que queréis que os diga, Maite, Helena y yo estábamos fuera de juego. La cabaña carecía de las más mínimas condiciones sanitarias y creo que fue el desencadenante de nuestros futuros aunque no muy lejanos males de panza, tanto de Maite como míos. Pero eso ya os lo iré contando aunque con pocos detalles, ya sabéis todos como funcionan esas enfermedades…
Seguimos camino viendo más lagos, hasta siete en total y con la suerte que en los últimos que visitamos despejó un poco y pudimos ver la belleza y el color de sus aguas. Maite compró un capazo que estaba haciendo una mujer y con el que se encaprichó.
Era el comienzo de un imparable, aunque fructífero afán comprador que no dejó de afectarle hasta el final del viaje.
Al final del día, nos acercamos a Amatenango del Valle, ya de anochecida. Entramos en la casa de unos indígenas que tenían un taller de cerámica y el guía llamó a una mujer que muy solícita nos hizo una demostración de cómo se trabaja el barro haciéndonos una vasija que nos dijo que no metían en el horno, sino que la dejaban secar al sol. También hacían jaguares y máscaras y le compramos una de un jaguar muy bonita y que os enseñaré con mucho gusto a los que me visiten.
De vuelta en San Cristóbal decidimos dar una vuelta por la ciudad, pues el ambiente seguía siendo encantador, todo el mundo en la calle, los niños, algunos que aun no saben ni hablar de lo pequeños que son y ya tratan de venderte algo, las mujeres ofreciéndote telas, animalitos de fieltro, pulseras.
Todo vale si compras, a cualquier precio, no hay comparación con el euro. La noche ya había caído en la ciudad y los grupos familiares se reunían delante de la plaza de la catedral con las mujeres y los niños sentados en corro. No se si se irían a dormir o lo harían allí mismo esperando el nuevo día. Nosotros ya estábamos cansados y decidimos cobijarnos en nuestro elegante hotel. Compramos una jirafa de fieltro de mil colores y nos fuimos muy contentos a dormir.
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